Blog del párroco
21º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (22 de agosto) 
domingo, agosto 15, 2010, 04:16 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO XXI DE TIEMPO ORDINARIO (22 de agosto)

1ª Lectura: Isaías 66, 18-21: Vendré a congregar a pueblos y naciones

Salmo 116: Id al mundo entero y predicad el evangelio.

2ª Lectura: Hebreos 12,5ss.: Dios os trata como a hijos, reprende a los que ama.

Evangelio: Lucas 13, 22-30: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

En la fiesta de la Asunción de la Virgen celebrábamos que ella ha sido la primera salvada en plenitud por la muerte y resurrección de Jesucristo. Hoy en el evangelio, respondiendo Jesús a la pregunta que siempre nos hemos hecho, “¿serán pocos los que se salven?”, nos describirá el camino para alcanzar este premio eterno.
La salvación es ofrecida a todos. Dios quiere que todos los hombres nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la verdad. Dios quiere lo mejor para todos sus hijos, para eso nos ha creado. Isaías, en la primera lectura, nos habla de este universalismo, nos dice que vendrá el Señor “para reunir a las naciones de toda lengua” y que serán “todos” los que verán la gloria del Señor.
El salmo también es una invitación a todas las naciones a participar en la alabanza al Señor, quien es firme y fiel en su misericordia.
El Evangelio da un paso más. La salvación es, por parte de Dios, una llamada dirigida a todos, pero exige la respuesta de cada uno. Aceptado el don de Dios y hemos de esforzarnos en vivir según sus planes. San Agustín nos decía: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Dios nos ofrece a todos la salvación pero no nos la impone. Solo desde la libertad y responsabilidad podemos acoger y vivir el don de Dios.
En el evangelio Jesús no quiere engañarnos, no es cuestión solo de intenciones y voluntarismos: “esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. No es suficiente creer de palabra, ni tener buenos sentimientos, ni ir a misa a misa los domingos y llamarse “cristianos” (“hemos comido y bebido contigo, has enseñado en nuestras plazas…”) Debemos ir acompañados de frutos de buenas obras, para que “en todo sepamos agradarte. Hay dificultad y urgencia en la respuesta: la puerta es estrecha y no sabemos cuando el amo cerrará la puerta. Hay que vivir el Evangelio y desde el Evangelio. Nos estamos perdiendo la plenitud que supone vivir conforme a Jesucristo. Como Dios es bueno, es Padre y nos trata como a hijos, nos reprende, nos exige, nos espera, nos ayuda y nos respeta en lo más profundo de nuestra libertad.
Sabemos cómo hay que obrar: seremos examinados de lo que hicimos al prójimo, del amor desde el que hemos vivido. No es posible una fe vivida sin el compromiso de la vida ni una vida cristiana reducida a buenas intenciones. Además, debemos ayudar a quien se aparta de la senda correcta y aceptar con humildad y agradecimiento a quien nos corrija cuando nos desviemos de una vida honrada y en paz .




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