Blog del párroco
Domingo 14º del Tiempo Ordinario 
sábado, julio 2, 2011, 11:21 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (3 de julio)
1ª Lectura. Zacarías 9, 9-10. Tu rey viene pobre a ti.
Salmo 144. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás.
2ª Lectura. Romanos 8, 9. 11-13. Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Evangelio. Mateo 11, 25-30. Soy manso y humilde de corazón.
Hoy en el evangelio Jesús se dirige al Padre con una oración íntima, llena de cariño filial y de agradecimiento: “Te doy gracias, Padre”. Jesús agradece el poder contemplar todas las cosas del mundo y de la vida como dones de Dios y el tener un corazón sencillo y una vida humilde para poderlo descubrir, valorar y agradecer. Jesús es para nosotros modelo y ejemplo a seguir; esta es la actitud básica del creyente: sentirse hijo, muy amado, enriquecido por los dones de Dios, y que, por tanto, valora, con responsabilidad todo lo que recibe, lo utiliza y multiplica y no se llena de soberbia ante sus hermanos porque para él es un gozo servir y compartir.
Después nos invita a acudir a Él: “venid a mí”. Él es el mediador ante el Padre, es el hermano mayor que ha pasado por la experiencia de la cruz. En cualquier momento o situación, cuando la vida pesa o la enfermedad atenaza. Cuando no se sabe qué dirección tomar en la vida…” Yo os aliviaré”. El Señor nos consuela para que no nos sintamos solos, para que nos sepamos acompañados y ayudados. “Yo os aliviaré”, os ayudaré a llevarlo. El es nuestro cirineo.
El Señor quiere que carguemos con nuestras tareas y responsabilidades, con su ayuda y la del Espíritu, y que lleguemos a vivir la suavidad del seguimiento, de la vida en el amor.
Cuando la vida tiene una meta; cuando tenemos verdaderas motivaciones para actuar como nos corresponde; cuando no nos dejamos llevar por el primer impulso o la mas obsesiva sugerencia que nos pone en conflicto con nuestra propia conciencia; cuando no nos perdemos en razones que justifican todas nuestras posturas y nos hacen personas difíciles; cuando sabemos ponernos en el lugar de la otra persona…siempre con sencillez, lo hacemos desde Jesús.
La primera lectura nos insiste en el estilo del profeta, de Jesús y de la Iglesia: sencillez, pobreza, cercanía, verdad, caridad. Solo desde aquí hemos comprendido todo lo que nos dice Jesús y cómo la afrontaría Él.
El cristiano, como Cristo, siempre asume su vida y sus responsabilidades, por difíciles y dolorosas que parezcan, con la fuerza de saber que el Señor nos ayuda y de que tiene sentido afrontar la propia tarea sin escapismos, disimulos ni falsos consuelos. Toda obra bien hecha tendrá fruto aunque nosotros no lo veamos; es el Señor quien recogerá. Nosotros debemos ofrecer nuestras posibilidades y actuar con rectitud de intención y generosidad. “Mi yugo es suave y mi carga ligera”, aunque yugo y carga.

Hoy es el día que las comunidades cristianas ofrecemos al Papa el fruto de nuestras colectas, la ofrenda, el óbolo de San Pedro, para que él pueda ejercer la caridad, respondiendo a las necesidades más urgentes que vea en la Iglesia.
Esta costumbre ya viene de San Pablo. El apóstol de las gentes tuvo la costumbre de hacer una colecta en las comunidades que iba formando, para los pobres de la Iglesia de Jerusalén; era un gesto precioso de comunión. Ahora, como gesto de comunión con el ministerio del sucesor de Pedro y de solicitud con los cristianos más necesitados de cualquier lugar de la Iglesia, ofrecemos lo que hoy aportamos.
Pedimos al Señor que ilumine y asista al Papa, y agradecemos su servicio a la Iglesia. Como maestro de la fe, guarda los contenidos de la revelación; como pastor, por la obediencia a su enseñanza, nos hace el servicio de vivir en comunión con toda la Iglesia; como obispo sucesor de Cristo, cuando celebra se expresa y visibiliza la Iglesia.
Que la Iglesia ante el mundo, revestida de caridad y humildad como su Maestro, exprese a Cristo, para que el mundo crea y se salve.



Comentarios