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NTRA. SRA. DEL REMEDIO, TITULAR DE LA PARROQUIA (7 de octubre) 
martes, octubre 4, 2011, 11:13 AM - Otros
NTRA. SRA. DEL REMEDIO, TITULAR DE LA PARROQUIA (7 de octubre 2011)

El próximo viernes, día siete de octubre, celebraremos la fiesta de Ntra. Titular, Santa María del Remedio, precedida del triduo de preparación.

Celebrar a María es una fiesta y tenerla como Titular, un privilegio.
Ella da nombre a nuestra comunidad cristiana; ella es nuestro modelo y referente para seguir a Jesucristo. Ella nos da a Cristo, el fruto bendito de su vientre, el verdadero Remedio de nuestras tristezas y necesidades; ella nos confía como tarea que llevemos alivio y remedio a los más necesitados.

De María se dice “eres remedio de nuestras penas, tienes de gracia las manos llenas”. En algunos gozos populares se canta: “del Remedio con razón, todo el mundo os apellida, a vos, Madre de la Vida, vida, alivio y redención, por vos en la encarnación, logramos la libertad”. Por la desobediencia de Eva fuimos hechos esclavos. María, con su obediencia y fidelidad nos hace libres. María nos dio a Jesucristo, nos lo indica y nos los muestra, y con el ejemplo de su vida, nos enseña a vivir fielmente unidos a Él.

El Señor desde la cruz, cuando dirigiéndose a Juan dice: “Hijo, ahí tienes a tu madre”, nos está diciendo a los cristianos que para llegar a Él hay que sentirse hijos de María y que ella es quien mejor nos enseñará a ser discípulos. La imitación de María es camino para vivir en plenitud nuestra condición humana, porque nadie como ella ha vivido el evangelio.

María es un ejemplo de vivir entregada olvidándose de sí misma. Ella ganó su vida porque primero la perdió.
La vida de María es un camino de libertad: austera, no vivió para la codicia y el lujo del consumo ni las esclavitudes de las falsas necesidades y adicciones; pobre, no tuvo barreras para acercarse a todos, ni respetos humanos que le impidieran ser quien era, ni hacer lo que procedía en cada momento; no vivió la angustia ni la ansiedad del miedo al futuro, porque su vida estaba puesta en las manos de Dios; no sufrió la soledad, porque vivió el silencio desde la oración como presencia; no experimentó ninguna crisis en sus relaciones familiares, porque en la familia que creó había dos principios: ser fieles a Dios y volcarse con el más pequeño y necesitado, el niño amenazado o el hijo incomprendido, perseguido y ejecutado; cercana a los demás en el sufrimiento, no se le endureció el corazón, sino que fue cada día más capaz de repartir misericordia y más constante en la perseverancia hasta el final; amó a su hijo, a Él y a su proyecto de Reino lo entregó todo, confió y esperó plenamente, por encima de toda esperanza humana; vivió desde la humildad como peregrina y emigrante, sin detenerse ni pararse ni cansarse, porque solo el amor le daba fuerzas y mantenía viva su confianza.

Verificó ante Isabel las palabras de Gabriel, no porque dudara de Dios, sino para cerciorarse de que la anunciación no había sido una ilusión personal. Dio gracias a Dios con entusiasmo en el magníficat, no porque Dios la distinguiera con privilegios, sino porque miraba y levantaba a los pobres y a los humildes. Vivió con gozo y paz el nacimiento de Jesús, porque tenía claro quién era el verdadero protagonista. Siempre estuvo junto a Jesús como discípula. Pero junto a la cruz, “estaba” como Madre y sigue eternamente estando junto a la cruz de todos sus hijos que sufren. Con vocación de madre, asumió el encargo de su Hijo al pie de la cruz y eternamente sigue entregándose y remediando desde el cielo a todos los hombres.

Amemos, confiemos e imitemos a la Virgen. No hay mayor orgullo para un hijo que parecerse a su madre, ni mayor satisfacción de la madre que ver el cariño y el respeto que se tienen sus hijos, los hermanos, y que guardan en su corazón y cumplen con su vida, todas las enseñanzas recibidas.

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