Blog del párroco
DOMINGO 29º DEL TIEMPO ORDINARIO 
viernes, octubre 14, 2011, 07:43 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 29 DEL TIEMPO ORDINARIO (16 de octubre)

1ª Lectura. Isaías 45, 1.4-6. Dios escoge sus instrumentos de salvación donde quiere. Elige a Ciro, rey persa, para salvar a su pueblo del desierto, donde le había llevado su pecado.

Salmo 95. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

2ª Lectura. 1ª a los Tesalonicenses 1, 1-5b. Pablo da algunas características de la comunidad: han sido elegidos, tienen el Espíritu Santo y están cimentados en la esperanza, porque han sabido soportar los sufrimientos.

Evangelio. Mateo 22, 15-21. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Siempre hemos tenido la tentación de engañar al Señor, de cambiar el contenido o el sentido de lo que dice, de poner excusas, acudir a él con doblez de corazón.

Los fariseos del evangelio, con unas palabras de adulación, a las que Jesús no sucumbe y, que muy a pesar de ellos son verdad, (“maestro, sabemos que eres sincero y enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, porque…no te fijas en apariencias” ni eres esclavo de respetos humanos…), le quieren tender una trampa. Quieren acusarlo de blasfemo, si acepta la autoridad del divino emperador, o de revolucionario, si no reconoce el derecho del emperador a cobrar impuestos. Luego, al final, falsamente, lo acusarán y lo condenarán de blasfemo y amotinador.

Jesús, sin disimulos ni enredos, muestra toda su sabiduría y autoridad, procurando la gloria de Dios, que se identifica con la verdad sobre el hombre y sobre la vida: “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

La autoridad humana no se opone a Dios; toda autoridad viene de Dios y el que no obedece a la autoridad, desobedece a Dios (Romanos 13, 1.2); pero de las palabras de Jesús también se desprende que debemos relativizar y cuestionar toda autoridad humana cuando se opone a la ley de Dios y a la dignidad del hombre. “Hay que servir a Dios antes que a los hombres”. La objeción de conciencia siempre ha sido la postura del creyente ante toda norma injusta o contraria a la ley de Dios.

Pero el principio que Jesús hoy proclama es que “hay que dar a Dios lo que es de Dios”. Y todo es de Dios. No se puede comparar a Dios con ningún poder o autoridad de este mundo. Dios es Creador y Padre y obra por amor, dándonoslo todo de Él. La postura del hombre es corresponderle con gratitud y amor. La autoridad de Dios nos libera de todas las tiranías humanas, de los señoríos que nos esclavizan, de los ídolos que nos fabrican o que podemos construirnos nosotros; solamente El es nuestro Señor, un Señor que reina desde la cruz, que perdona y que da vida.
“Hay que dar a Dios lo que es de Dios”. No cualquier cosa, “lo que es de Dios”. Y la gloria de Dios es la dignidad del hombre. Debemos comprometernos seriamente con la obra de Dios, su proyecto de Reino, la Iglesia, como comunidad que hace presente al Señor; la atención, defensa y servicio a los pobres, su pasión y su tesoro.

La palabra de Dios siempre es liberadora; al proclamar la primacía de Dios, no excluye el valor de nada de lo creado, sino que reconoce y defiende en su justa medida el valor de todo, empezando siempre por el ser humano, su imagen y semejanza.



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