Blog del párroco
DOMINDO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO (10-2-2013) 
viernes, febrero 8, 2013, 07:48 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO (10-2-2013)

1ª Lectura. Isaías 6, 1ss. Aquí estoy, mándame.

Salmo 137. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

2ª Lectura. 1ª Corintios 15, 1-11. Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Evangelio. Lucas 5, 1-11. Dejándolo todo, lo siguieron.

Hoy las lecturas nos hablan de vocación. El Señor nos llama a seguirle y a colaborar con él. A Isaías en el templo, a Pedro, junto al mar de Galilea, a cada uno en su lugar de trabajo.
La llamada siempre supone un encuentro en el que la persona llamada se encuentra fascinado ante la grandeza del Señor y, como consecuencia, experimenta su propia pequeñez; Isaías exclama “¡Ay de mí, estoy perdido!” y Pedro dirá: “Apártate de mí que soy un pecador”. La respuesta es inmediata, “aquí estoy, mándame” y se da desde la disponibilidad y la obediencia: “en tu nombre, echaré las redes”.

El Señor sale a buscar a las personas a los lugares donde trabajan y viven, no se quedó en la sinagoga. La gente acude a él porque encuentran algo especial que necesitan: afecto, ayuda…salvación. El siempre se fija en el vacío y el fracaso de la gente, a Pedro le indica que “reme mar adentro” y, porque hizo caso a su palabra y quiso superar su fracaso…no podían con la pesca que recogieron.

Necesitamos encontrarnos con el Señor y no vivir en la soledad y el aislamiento de nosotros mismos, sino confiando en su palabra. No perder el ánimo en los primeros fracasos y seguir, trabajar, con la confianza de la perseverancia. “En tu nombre, Señor, volveré a echar las redes, como tu digas, donde tu indiques”. La eficacia depende de Dios, y la clase de eficacia. Muchas veces buscamos unas cosas y encontramos otras mejores, o no encontramos ninguna, porque no nos hacen falta y las necesitan más otras personas. Que disponga el Señor.

Isaías insiste en la purificación personal, la exterior y la interior, “mis labios y mi corazón”. El valor de nuestro testimonio depende de la fuerza y la presencia de Dios en nosotros.
Y Pablo, en la segunda lectura nos recuerda que hay que ir a lo fundamental, lo demás es perder el tiempo. “El evangelio que os trasmití fue éste:”Que Cristo murió por nuestros pecados…y se apareció…y por último a mí”. Las apariciones engendran misiones. Quien lo ha conocido lo tiene que testimoniar, que dar a conocer.

Sin Cristo nuestra vida es una pobreza y un vacío. El se acerca a nosotros y nos busca. La experiencia personal nos cambia interior y exteriormente y nos lanza a vivir de su palabra. El hace que la “pesca” valga la pena. A Isaías, a Pedro, a Pablo…los hizo pescadores; los tres experimentaron una profunda transformación personal que cambio radicalmente sus vidas.

¿Qué cambia Cristo en nosotros? ¿Ha ardido alguna vez nuestro corazón al tener experiencia de él en el camino de la vida? Venciendo nuestros desánimos, fracasos, perezas…por él, ¿lo hemos intentado de nuevo?. ¿Está nuestra vida centrada en lo fundamental o sigue llena de “entretenimientos” donde el Señor y su evangelio son solamente “algo más”?.

Necesitamos estar en los ambientes en que nos movemos con conciencia de enviados. Debemos ser iconos de Cristo: que a través de nosotros, les llegue el Señor y que lo vean en nuestras actuaciones, palabras, criterios, prioridades.

Este domingo es el día de manos Unidas, la Campaña contra el Hambre. Ver y actuar. “No hay justicia sin igualdad”. Vamos a afrontar programas donde se trabaje por la formación y defensa de la mujer; para que se le faciliten medios y ayudas, se le dignifique y así pueda desempeñar mejor su papel en la sociedad. La justicia es un atributo del mundo querido por Dios: “el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y de la paz”. Manos unidas, con su seria manera de trabajar, nos permite colaborar en este magnífico proyecto de Dios y nuestro. Como lo seguimos haciendo en su nombre, a ver si necesitamos más redes por la abundancia de la pesca de solidaridad y justicia.


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