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VIERNES SANTO. Celebración de la Pasión y Muerte del Señor. (18-4-2014) 
jueves, abril 17, 2014, 11:37 PM - Comentarios a las Lecturas
VIERNES SANTO. Celebración de la pasión y muerte del Señor. (18-4-2014)

1ª Lectura. Isaías 52, 13-53.12. Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Salmo 30. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

2ª Lectura. Hebreos 4, 14-16; 5, 7- 9. Experimentó la obediencia, y se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Pasión de Ntro. Sr. Jesucristo según S. Juan. 18, 1- 19,42.

Hoy, al celebrar la Pasión y muerte del Señor, celebramos la inmolación del Cordero Pascual. San Juan coloca el momento de la muerte de Jesús en la “Parasceve”, cuando se inmolaban en el templo los corderos de la Pascua de aquel año. Cristo es el Cordero inmolado e inmaculado; él quita el pecado del mundo, no le quebrarán ni un hueso, en él está nuestra luz y nuestra vida.

En la Cruz de Cristo se cumplen todas las profecías y se realizan todas las figuras del Antiguo Testamento. Cristo es nuestro rescate, quien se inmola por nosotros; la sangre que brota de su costado es sangre de expiación y salvación. Su pascua es la nuestra.

El Viernes Santo contemplamos la fidelidad del Señor: llegó hasta el final, cargando con todas las cruces, consolando a los que se encontraba en el camino, afrontando con dignidad las vejaciones, sobrellevando los insultos, haciendo suya la causa de todos los hombres más maltratados. Cargando con las culpas de todos, realizó en su vida la profecía de Anás, a su pesar: “conviene que muera un solo hombre por el pueblo”. Y murió Jesús por todos.

Y todo, “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”

La muerte de Jesús así hace que ningún ser humano se sienta el más solo y abandonado. Junto a él, y un poco más allá en el sufrimiento, se encuentra Cristo, perdonando, ayudando, justificando, salvando.

Cristo siempre está cerca de nosotros, especialmente cuando nos encontramos en situaciones límite que nos llevan a exclamar:”ya no puedo más”, “esto no tiene sentido”, “nadie hace nada por mí”. También nos enseña a sentir el silencio del Padre y a decir de corazón: “Padre me pongo en tus manos”.

Cristo nos da fuerza para entender la pobreza y la fragilidad de la condición humana; nos da perseverancia en las pruebas y nos enseña que, la gran desgracia del hombre no está en morir, sino en pecar y en hacer el mal, en vivir sin la dignidad propia de un hijo de Dios, porque nuestro destino es vivir para siempre por la victoria de Cristo.

No obstante, hoy la humanidad se queda en silencio al contemplar la muerte del Señor. El grano de trigo ya ha caído en tierra. Esperemos el fruto de la Pascua.




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