Blog del párroco
PASCUA DE RESURRECCIÓN. 19-4-2014 
sábado, abril 19, 2014, 04:28 PM - Comentarios a las Lecturas
PASCUA DE RESURRECCIÓN. Ciclo A. (19-4-2014). Vigilia pascual.

Epístola. Romanos 6, 3-11. Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Evangelio. Mateo 28, 1-10. Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.

¡Cristo ha resucitado! ¡No busquéis entre los muertos, al que vive! ¡No tengáis miedo, alegraos! ¡Camina delante de vosotros a Galilea, allí le veréis! Hermanos: ¡qué necesitados estamos de grandes anuncios, como el de la resurrección, cuando estamos rodeados de tanta oscuridad, noche y desesperanzas!

Esta noche, en la bellísima liturgia de la Vigilia, cantamos y anunciamos que Cristo vive. Y en Cristo, tenemos vida nosotros. La resurrección es la gran palabra del Padre sobre Cristo, Él es la verdad. Se ha roto el gran silencio del Padre de la tarde del Viernes Santo. La resurrección es la victoria de la vida que nos ofrece Dios sobre todas las formas de muerte que amenazan al ser humano. En él hemos sido redimidos y recreados, y nuestra naturaleza a ha sido elevada a la dignidad de hijos de Dios.

Proclamamos que Cristo es la luz, “luz de Cristo” cantaremos; y por la fe, su misma luz ilumina nuestro ser y todo lo que nosotros somos y hacemos. Le seguiremos con los cirios encendidos, como en la columna de fuego que guiaba a Israel por el desierto, con la confianza de saber que nos saca de todas nuestras esclavitudes y nos conduce a la verdadera vida.

Las lecturas del Antiguo Testamento nos van recordando todo el amor y las infinitas delicadezas que ha tenido Dios con nosotros a lo largo de la historia, llegando a esta última de la resurrección del Señor, en la que los pobres y sufrientes del mundo vencen, por el poder de Dios. Hemos sido liberados, rescatados y elevados a la dignidad de hijos de Dios.

El bautismo nos incorporó a Cristo, a su vida, muerte y resurrección, y este día lo renovamos, con la luz encendida de la fe. Vivamos desde nuestra condición de bautizados; el bautismo no fue una tradición o algo que pertenece a la infancia, sino que marca un ser, somos hijos de Dios y miembros de la Iglesia; el evangelio es nuestro proyecto de vida; y nuestra misión, trabajar para que este mundo se parezca más al proyecto, al Reino de Dios.

Tenemos que ser testigos de Cristo. El evangelio nos anuncia que camina junto a nosotros, que lo encontraremos en Galilea, en los trabajos del día a día.

Pablo en la epístola nos recuerda que en Cristo ha sido crucificada nuestra antigua condición de pecadores y que debemos llevar una vida como la de Cristo. Como la muerte ya no tiene dominio sobre Él, tampoco, las consecuencias del pecado, deben estar presentes en nosotros. Una vida nueva, la de Cristo.

En el mundo siempre parece que tiene más fuerza el mal y el pecado. Siempre hace más ruido y los medios de comunicación lo difunden más. La victoria de Cristo es un estímulo, desde una fundada esperanza, a vivir evangélicamente, a trabajar por los pobres y pequeños de la tierra sin desanimarse, sin sensacionalismos, con perseverancia; a vivir con convicción lo que creemos.
Testigos del Señor, con amor, con alegría. Él está en la fracción del pan, en la comunidad y en los que sufren.
“Allí me veréis”.




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