Blog del párroco
SAGRADA FAMILIA (26 de diciembre) 
domingo, diciembre 26, 2010, 06:29 AM - Comentarios a las Lecturas
SAGRADA FAMILIA: JESUS, MARIA Y JOSÉ (26 de diciembre)

1ª Lectura. Eclesiástico 3, 3-7.14-17a. El que teme al Señor honra a sus padres.

Salmo 127. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Colosenses 3, 12-21. La vida de familia vivida en el Señor.

Evangelio. Mateo 2, 13-15.19-23. Coge al Niño y a su Madre y huye a Egipto.

Como todo hombre, Jesús también ha necesitado la mediación de una familia, la familia de Nazaret. Allí aprendió a amar, a rezar, a hablar, a estar con los demás, a incorporarse al mundo religioso y cultural de Israel y a través de él a nuestro mundo.
Jesús, para su familia, es respetuoso y libre.
Sus padres procuraron educarlo y cuidarlo, y cuando no le entienden, porque el Niño les sobrepasa, tratan de comprender lo que hace y lo que dice, guardándolo en su corazón.

En la familia de Nazaret vemos la situación de muchas familias a lo largo de la historia. Tuvieron que rectificar sus planes iniciales por el plan que Dios les propuso, y lo hicieron con respeto y fidelidad, quedando mas unidos y fortalecidos. Vivieron en pobreza (María dio a luz en un establo, fuera de casa); se sintieron perseguidos y rechazados (tuvieron que marchar a Egipto por proteger al Niño); José no tenía mas patrimonio que el resultado de su trabajo; vivieron, durante muchos años, en un pueblo pequeño, siendo fieles unos a otros en el silencio y la discreción de la tarea del día a día. Fue una familia que su fuerza fue el amor y su proyecto, hacer la voluntad de Dios.

El papa Benedicto XVI recientemente nos ha recordado que Jesucristo, “en el silencio del hogar de Nazaret, nos ha enseñado sin palabras, la dignidad y el valor primordial del matrimonio y de la familia, esperanza de la humanidad”.
Los obispos españoles con motivo de la jornada mundial de la familia 2010 nos han recordado que:
-La familia es lugar de la libertad, porque es el lugar más apropiado para conocer el rostro paterno de Dios y su amor incondicionado, verdad fundamental en que se basa la auténtica libertad. El ser humano llega a su plenitud cuando vive el verdadero amor que se recibe y se aprende en la comunidad familiar. El hijo se siente amado y aprende a amar entrando en la “lógica del amor y del servicio”.
-La familia es el santuario de la vida humana, porque es donde la vida es acogida en todas sus etapas, desde su concepción hasta su ocaso natural. El amor indisoluble de un hombre y una mujer que contraen matrimonio construye y funda una familia.
-La Iglesia ayuda a las familias para que los hijos descubran el sentido de sus vidas y vivan el amor como una entrega respetuosa y generosa. Pero la Iglesia necesita mucho a las familias cristianas, porque es la primera Iglesia donde se trasmite la fe y es el hogar y la escuela donde se aprende a amar y a convivir respetando y compartiendo con los demás.

La Iglesia es misterio de comunión, por eso, la familia cristiana, es signo y recuerdo permanente para la Iglesia de que es la familia de los hijos de Dios que tiene como misión establecer auténticas relaciones familiares.

Debemos ilusionarnos en vivir toda la riqueza que se encuentra en la comunidad familiar, donde se crece en generosidad por que se vive pendiente del más necesitado y priorizando siempre las necesidades de los demás. Donde se vive el amor como perdón regalado que regenera las relaciones interpersonales y como servicio generoso con el que se dignifica a los demás. Es escuela de escucha, comprensión y diálogo, comprendiendo a los demás en lo más hondo de sus inquietudes y sentimientos. Es comunidad donde se expresa y recibe amor el amor verdadero, único camino de felicidad y de realización personal.

Que la familia de Nazaret nos ayude para que los hogares cristianos seamos en el mundo una luz para todos los hombres y todas las familias.

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Solemnidad de la Natividad del Señor. Misa de Nochebuena. 
viernes, diciembre 24, 2010, 12:33 AM - Comentarios a las Lecturas
NATIVIDAD DEL SEÑOR (25 de diciembre)
Misa de medianoche

1ª Lectura: Isaías 9, 2-7. Un hijo se nos ha dado

Salmo 95. Hoy nos ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor.

De S. Pablo a Tito 2, 11-14. Ha aparecido la gracia de Dios para todos los hombres.

Lucas 2, 1-14. Hoy os ha nacido un Salvador.

El anuncio del ángel a los pastores “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy… os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” sigue resonando hoy en todas las personas, en todos los rincones del mundo, creyentes y no creyentes, justos e injustos, sanos o enfermos. Tenemos un salvador, que es Jesucristo. El ser humano, por grande que sea su miseria y difícil su vida, tiene salvación.
“Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres” nos anuncia la segunda lectura.
“Ahí tenéis la señal, un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”
Este niño, su nombre es Jesús, “Dios salva” y es Emmanuel”, Dios con nosotros, entre nosotros y en nosotros.

Viene para recuperarnos como hijos de Dios, “enseñándonos a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos y a llevar ya desde ahora, una vida sobria, honrada y religiosa…dedicados a las buenas obras”
Viene para que salgamos de la oscuridad de vivir en la increencia: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande…” y para que no vivamos en la lejanía de Dios.
Viene para liberarnos de la dureza de corazón que deja en nosotros los fracasos, las codicias, los sufrimientos de la vida.
Viene en la noche para entrar en todas las vidas que estén sumidas en la desesperanza, en la enfermedad, en la pobreza, en las adicciones, en la falta de libertad, en la soledad, en los fracasos, los miedos.

Viene en la desnudez y en la pobreza, para que nos despojemos de nuestros egoísmos, de nuestra autosuficiencia, para ser él sea nuestra riqueza, para que encontremos en él nuestra seguridad y nuestra fuerza.

Viene lleno de amor, porque solamente así podemos acercarnos de verdad a los demás y hacer el bien; porque solamente cuando amamos vivimos nuestra más profunda verdad y nos acercamos a Dios que es amor infinito, total, enriquecedor y misericordioso.

Nochebuena y Navidad son tiempo de contemplación del amor salvador de Dios.
Es noche y día de escuchar el anuncio de salvación y de trasmitirlo a los hermanos.
Es tiempo de mirarnos a nosotros y de ver lo que queda del niño que fuimos, en nuestra capacidad de amar, de confiar, de ilusionarnos, de sentir la necesidad de los hermanos, de vivir en sencillez.

Dios quiera que este Niño, luz verdadera, amor entregado, Dios entre los pobres…nos purifique el corazón para que creamos, con todas las consecuencias en la dignidad de todo ser humano, para que hagamos nuestro su sufrimiento (eso es “encarnarse”), para que nos comprometamos con la causa de todo ser humano que nos necesite en este tiempo de tantas nuevas formas de esclavitudes.

Este Niño vino a los suyos y muchos no lo recibieron. El seguirá viniendo.
A quienes lo reciben les da el ser hijos de Dios si creemos en su Nombre. ¡Feliz y fiel navidad!

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TIEMPO DE NAVIDAD 
miércoles, diciembre 22, 2010, 09:52 AM - Otros
TIEMPO DE NAVIDAD

La Navidad celebra el acontecimiento histórico de la manifestación de la salvación de Dios en Jesús de Nazaret: Dios se hace hombre en Jesucristo, nacido de la Virgen María, en Belén de Judá.

En el credo decimos: “ y por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. Jesús, el hijo de María, es Dios y Hombre verdadero: el eterno entra en la historia, el señor toma forma de siervo para librarnos de toda esclavitud; el omnipotente y fuerte se hace débil y pobre niño. La Palabra eterna de Dios se hace hombre, y a partir de este momento, Dios es completamente inteligible, cercano y comprometido con el hombre, porque en el Niño nos dice todo lo que nos tiene que decir, es su Palabra definitiva. Cristo, luz verdadera, viene a disipar las tinieblas del mundo y de cada corazón.
A los cristianos nos toca contemplarlo, para comprender el amor de Dios que nos crea, fundamenta y configura, y dejarnos transformar por él.

En la Navidad, además de Jesús, aparecen muchos personajes; el principal es María, la Mujer creyente elegida por el Padre y llena de gracia, que le llevó en su seno y lo dio a luz. Ella es figura de todos los creyentes y de toda la humanidad, al aceptar con el “sí” de la anunciación el plan salvador de Dios y colaborar con El; ella es modelo y maestra de vida cristiana. Muy cerca de ella está José, los ángeles, los pastores, los magos, Isabel...Todos nos dan ejemplo de apertura al plan de Dios y de colaboración ante lo que el Señor nos pida.

Estos días tenemos muchas celebraciones religiosas: el Nacimiento del Señor; la Sagrada Familia de Nazaret; Santa María Madre de Dios, la octava de la Navidad y la jornada de la paz; la Epifanía del Señor; el Bautismo del Señor, con el que retomamos el tiempo ordinario. Son muchas celebraciones que nos ayudan a contemplar el gran misterio y nos orientan sobre su sentido y el compromiso que nos suponen. Son celebraciones de hondo contenido religioso donde aprendemos de los pastores, de los magos, de José, de María…a situarnos ante el Señor que nace y a acogerlo.

Aprovechemos estos días para disfrutar sabiendo que nuestro Dios es Emmanuel, está entre nosotros, que nos ha hecho de su familia, que es el gran don del Padre y que con su nacimiento viene a dignificar la condición humana al hacernos partícipes de su divinidad.

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DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO (19 de diciembre) 
jueves, diciembre 16, 2010, 08:39 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO (19 de diciembre)

1ª Lectura. Isaías 7, 10-14.La Virgen concebirá

Salmo 23: Va a entrar el Señor: El es el Rey de la gloria.

2ª Lectura. De San Pablo a los Romanos 1, 1-7. Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios.

Evangelio. Mateo 1, 18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

Ya hemos llegado al cuarto domingo de Adviento: vigilancia, conversión, espera gozosa, acogida. Estamos con María, José y el Niño que va a nacer.

Este es el domingo de María que “espera con inefable amor de madre” a quien ha sido anunciado por los profetas y que ella siente ya latir en su seno. Ella está presente en la profecía del Enmanuel en la primera lectura: “Una virgen está en cinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Enmanuel que significa Dios con nosotros” y San Mateo, en el evangelio, nos la presenta como aquella en quien se cumple esta profecía.

José, el esposo, tiene una presencia especial en este relato de Mateo. Contempla sin comprender, a su prometida que está en cinta, intuye que hay un misterio en este nacimiento, y lleno de temor, decide dejarla en secreto.
Todo esto nos ayuda a contemplar el misterio de María: elegida por Dios, fecundada por el Espíritu Santo, incorporada y comprometida en la obra de Dios, quien para entrar en el mundo y en la historia ha querido contar con la libre implicación de una mujer virgen, que acepta su destino; ella, en silencio, confía plenamente en quien la ha elegido y ha querido contar con su participación libre y generosa.

El papel de José es fundamental dentro de su discreción. Es el hombre justo y bueno que manifiesta un temor sagrado. No puede comprender que María vaya a ser madre, y tampoco podrá comprender que el niño sea a la vez Dios y hombre verdadero. Necesita la ayuda de un Ángel que en sueños le de la noticia, le anuncia el evangelio que es Jesús: “No temas, José, recibir a María tu mujer…”. María acogió a su Hijo. José acoge a María y al fruto de su vientre: Los dos se ponen al servicio del plan de Dios olvidándose de ellos mismos.
Juan Pablo II le dedicó a San José un documento “Custodio del Redentor”. La figura de José, el hombre justo y bueno, es de una grandeza extraordinaria: se situó ante el misterio con serenidad y silencio, se entregó al servicio del plan de Dios junto a María, olvidándose por completo de sí. ¡Si Dios eligió y preparó a María para que pudiera aceptar su necesaria colaboración en la obra de la redención, también eligió a José, quien supo estar a la sombra del Padre junto a María y al Niño, y de quien Jesús aprendería tantas cosas! José es del gusto de Dios Padre, intercesor y ejemplo para todos los cristianos, padres, esposos, sacerdotes…

El tercer personaje de este domingo es el Mesías anunciado y ahora presente. Es Dios con nosotros, Enmanuel, presencia, compañía, el nunca nos deja. La Navidad es la certeza de la compañía de Dios, quien se hace de los nuestros para que nosotros seamos de los suyos; se mezcla con nuestra humanidad, para que podamos compartir su divinidad.
Y nos hace hermanos. Y nos hace eternos.
Nunca hubiera podido el ser humano soñar con tanta grandeza.

Acojamos también nosotros al Hijo de Dios que quiere nacer en nuestro mundo y en nuestro tiempo, con la mediación de nuestro ejemplo y de la entrega de nuestra vida a la causa del evangelio.




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DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO ( 12 de diciembre) 
miércoles, diciembre 8, 2010, 11:01 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO TERCERO DE ADVIENTO (12 de diciembre)

1ª Lectura. Isaías 35, 1-6ª.10. Dios vendrá y nos salvará

Salmo 145. Ven, Señor, a salvarnos.

2ª Lectura. Santiago 5, 7-10. Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca.

Evangelio. Mateo 11, 2-11. ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Tradicionalmente a este tercer domingo de adviento le hemos llamado del gozo (gaudete) y de la alegría. Tenemos cerca la Navidad, “fiesta de gozo y salvación” y pedimos, en la oración colecta de la misa, poder celebrarla “con alegría desbordante”.

El primer domingo la liturgia nos invitaba a la vigilancia, aunque no sabíamos ni el día ni la hora en que vendría el Señor. El segundo domingo, a la conversión: prepararse para recibirle supone tener un corazón nuevo y una vida llena de buenas obras. Este domingo, la invitación es a la esperanza llena de gozo, porque el Señor, está cerca y salva desde dentro de la historia. Viene a traer plenitud de la vida, sencilla y normal, que nos llena de paz y de alegría, que nos ayuda a superar algunos de los límites que nos ponemos desde el rencor, la codicia, el pecado. Hay alegrías superficiales producidas por la bebida, la comida abundante, la música, los bailes…La única alegría posible es la que nace del corazón, la que tiene la raíz en Dios. Esta es una muy buena noticia que ni la Iglesia ni los cristianos podemos olvidar.

En el evangelio leemos que Juan está en la cárcel y duda. El predicó la conversión y Herodes nunca se convirtió. Predicó a un Mesías que empuñaría el hacha y que vendría como Señor y juez y él lo contempló en la cola de los pecadores. Mandó preguntar a Jesús “¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”. El Señor responderá: “Id y contad a Juan: los ciegos ven, los cojos andan…y dichoso el que no se escandalice de mí”.
El Reino ha empezado a nacer: los pobres son evangelizados, los cojos andan…el tiempo de Dios ya está en medio del mundo, Dios ya está actuando.
Nosotros podemos seguir esperando. Amamos a Dios, pero no somos sensibles a los lamentos, a los dolores a las miserias de los hermanos.
Queremos un mundo mejor, pero podemos actuar como si dependiera solamente de los demás. Tenemos que vivir desde la fe.
Jesús contestó con su vida, con sus obras, sin que haya terminado del todo la injusticia, la pobreza, la discriminación, la explotación, el sufrimiento.
Jesús plantó la semilla y la regó con su sangre; nosotros tenemos que seguir regando y abonando con nuestra oración, nuestro trabajo, nuestro interés por el hermano. La esperanza si no es activa, no es esperanza, es resignación.

El Jesús de Belén y de la Cruz-Resurrección, ¿es el que tenía que venir o tenemos que seguir buscando otros caminos de felicidad y de realización personal? Esta es la pregunta que nos siguen haciendo, de manera tácita o explícita, muchas personas alejadas de la fe a los cristianos.
Ojala nosotros podamos responder: yo estaba ciego, porque mi vida no tenía sentido y lo he encontrado. Yo estaba solo y he descubierto a muchos hermanos. Yo me sentía enfermo y sin fuerzas y él me ha dado una energía nueva. Yo odiaba, yo buscaba otros intereses…y Jesús me hace ya una persona nueva. El motivo de mi alegría es lo que el Señor realiza en mí y lo que veo que realiza en los demás y todo lo que confío que el Señor realizará
Como nos dice Santiago en la segunda lectura, esperemos con paciencia la venida del Señor pero…sin dejar de hacer el bien.

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