Blog del párroco
15º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo B. 12-7-2015 
jueves, julio 9, 2015, 07:22 AM - Comentarios a las Lecturas
15º DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo B. 12-07-2015

Amós 7, 12-15. Ve y profetiza a mi pueblo.

Salmo 84. Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación.

Efesios 1, 3-14. Nos eligió en la Persona de Cristo, antes de crear el mundo.

Marcos 6, 7-13. Los fue enviando.

Hoy la palabra de Dios nos envía a ser misioneros. Hemos conocido a Jesús, hemos estado con él, hemos escuchado su mensaje, lo debemos trasmitir.

Amós no era profeta ni hijo de profetas, era pastor y cultivador de higos, y fue enviado a profetizar al pueblo de Dios.

La carta a los hebreos nos recuerda que hemos sido elegidos, desde antes de la creación del mundo, para ser santos y enviados. La santidad y la misión son la razón de nuestra vida.

Enviados ¿a qué? A anunciar a Jesús, la Buena Noticia del amor de Dios. A anunciar cómo es él, cómo vive él, qué quiere él, cual es su proyecto sobre el mundo y sobre la vida. La Iglesia tiene el poder de Jesús para actuar como él.

La Iglesia vive la prolongación del ministerio de Jesús. Jesús llama a gente sencilla y quiere que la misión sea sencilla y austera para que brille lo fundamental y no nos entretengamos en otras cuestiones: ligeros de equipaje, no cargar con estorbos, no buscar otros intereses.

El rechazo es posible. El Señor también lo sufrió, en su pueblo, en su familia, ante las autoridades religiosas de su tiempo; pero esto no nos ha de sorprender ni desanimar.

La fuerza del mensaje está en su verdad transformadora, en la fuerza del espíritu que nos impulsa, sostiene y orienta.

El mensajero debe ser trasparente y santo. No un obstáculo, sino un medio útil; pero siempre está el misterio de la aceptación por parte de quien lo recibe. La libertad personal nos puede cerrar a la acción de la gracia.
No obstante hay que seguir. Jesús no se cansaba de consolar, curar, predicar. El mundo está muy cerrado a la acción de Dios. Hay que seguir con el testimonio de la misericordia. Dios nunca se rinde ni abandona, la Iglesia, tampoco.

En toda ocasión, con el espíritu de Jesús, a llevar la salvación a los pobres.


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