Blog del párroco
LA TAREA DE LA UNIDAD. Octavario por la unidad de los cristianos. 
lunes, enero 20, 2014, 07:55 AM - Otros
SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

(18 al 25 de septiembre)

¿Está dividido Cristo? Es una urgencia el vivir la comunión y un mal ejemplo y una faltas de testimonio la división y las confrontaciones. Cristo, en la oración sacerdotal pide al Padre que seamos UNO para que el mundo crea.

Ha habido diferencias doctrinales que se afrontan desde el estudio y la fidelidad a la Escritura. Diferencias de disciplina, desde la obediencia, el respeto, la comunión. Diferenciar el la liturgia, la Iglesia siempre ha celebrado distintos ritos, salvado el contenido de lo que se celebra. Ha faltado “hambre de comunión con los hermanos”, “deseo de fidelidad al Señor”, “humildad para prescindir de la propia peculiaridad con generosidad, no con resignación”. La unidad solo se consigue en Cristo, en su verdad. A veces los años crean “callos” que marcan la diferencia y a los que resulta difícil renunciar.

Hay que amar la unidad, el encuentro, la paz. Ceder es ganar. Nos ocurre en todos los ámbitos en los que nos movemos: familia, trabajo distintos grupos…. El pecado, presente en el corazón del hombre y exteriorizado en el orgullo, falso derecho o amor propio, es un obstáculo. Tenemos que amar la unidad, el encuentro, la fraternidad, al Señor, su mandato… y considerar las diferencias como una riqueza. Cuando la unidad so se da, no estamos maduros para la reflexión y el encuentro.

¿Por qué está tardando tanto si es tan deseada por Cristo y por nosotros? Para que el mundo crea.

Santa Inés virgen y mártir, nuestra venerable Inés de Beniganim, nuestro San Vicente mártir, San Ildefonso, San Francisco de Sales, San Pablo en la fiesta de su conversión…que ellos y todos los santos intercedan por la unidad en la fe y en la comunión



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DOMINGO 2º DEL TIEMPO ORDINARIO. Ciclo A (19-1-2014) 
viernes, enero 17, 2014, 05:04 PM - Comentarios a las Lecturas
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C (19-1-2014)

El cristiano es contemplativo y testigo del Señor.

1ª Lectura. Isaías 49, 3.5-6. El Señor nos hace siervos suyos desde el vientre de nuestra madre y nos capacita para que seamos luz de las naciones.

Salmo, 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

1ª Corintios. Gracia y paz os de Dios nuestro Padre y Jesucristo el Señor.

Evangelio. Juan 1,29-34. Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

El evangelio nos describe el Bautismo del Señor como lo ve San Juan. Mira a Jesús y ve “al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Jesús es el siervo doliente del que nos habla Isaías, quien con su entrega libre y por amor, pagará por nosotros y nos conseguirá el perdón y la redención. No ve a un fracasado, ni a un ajusticiado, sin más. Jesús es el Mesías, quien, en lugar nuestro, se sacrificará por nosotros. Todo el cuarto evangelio es la contemplación de Jesús, Hijo de Dios, quien nos trae la vida nueva de ser también nosotros hijos de Dios.

Juan también ve al Espíritu posarse sobre Jesús y permanecer en él. Le acompañará y lo derramará en abundancia. Es la nueva creación, la nueva vida sobrenatural.

Además, Juan nos lo muestra, nos lo da a conocer. Es testigo de todo lo que ha visto y oído. Nos indica a quien debemos acudir, quien es la fuente de la vida: el que se ha entregado por nosotros.
Conocer a Jesús en profundidad. Contemplar, para que penetre en nosotros y nos transforme toda la verdad el misterio de Dios en el. Que hemos contemplado en Jesús; y anunciarlo, para que la vida que es Jesús llegue a los demás.

Sin contemplación y compromiso no podemos salir de la superficialidad, de la rutina, de la mundanidad, como diría el papa Francisco. Hemos conocido al Señor y él lo renueva todo.
Ser testigo de Cristo es ser defensor de la dignidad con la que debe ser tratado cada ser humano. No es suficiente ser “un poco mejores” o “personas de buenos sentimientos y buena voluntad”. Cristo viene a redimir, a salvar todo lo que es y hay en cada ser humano.

¿De quién somos testigos?, ¿a qué nos compromete la fe? ¿hasta dónde llegamos en el “servicio” al hermano? Nosotros también hemos sido “ungidos” con el mismo Espíritu que Jesús en nuestro bautismo. Nuestra vida tiene que ser sencilla y fiel al evangelio. Y perseverante en la santidad. Esa es la luz de Jesús que necesita el mundo.

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FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR. Ciclo A (12-1-2014) 
viernes, enero 10, 2014, 08:31 AM - Comentarios a las Lecturas
FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR. Ciclo A (12-1-2014)

1ª Lectura. Isaías 42, 1-4.6-7. Mirad a mi siervo a quien prefiero.

Salmo 28. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

2ª Lectura. Hechos de los Apóstoles 10, 14-18. Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo.

Evangelio. Mateo 3, 13-17. Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios bajaba sobre él.

Terminado el ciclo de Navidad, celebramos el Bautismo de Jesús por Juan en el Jordán. Han pasado treinta años y va a comenzar su misión de Mesías.

En el prefacio de la misa de hoy decimos:” En el Bautismo de Cristo en el Jordán has realizado (Dios Padre) signos prodigiosos, para manifestar el misterio del nuevo bautismo: hiciste descender tu voz desde el cielo, para que el mundo creyese que tu Palabra habitaba entre nosotros; y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús, para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres”.

El acontecimiento del Jordán tuvo mucha importancia para la Iglesia naciente: nos lo cuentan los cuatro evangelistas, cada uno subrayando unos detalles. Pedro proclama:”Conocéis lo que pasó en el país de los judíos, cuando Jesús predicaba el bautismo, aunque la cosa comenzó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza de lo alto, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaña con él”. Todos coinciden en mostrar a Cristo Mesías, presentado por el Padre: Este es mi Hijo amado, y revestido del Espíritu, que permanecerá en él. En el Jordán comienza su misión.

Hay una gran sintonía entre la primera lectura y el evangelio: el siervo es el elegido, sobre él ha sido derramado el espíritu, para que traiga el derecho y la justicia a las naciones. Lo hará, con paz, sin vacilar, tenderá puentes de encuentro entre los pueblos, liberará a todo tipo de presos de cárceles y mazmorras.

Cristo se presenta en el Jordán, junto a Juan, con una gran humildad. Se pone en la cola de los pecadores para recibir un bautismo de conversión que no necesitaba, pero para cruzar, como nuevo éxodo, el Jordán y comenzar en la otra orilla, el tiempo de la salvación de Dios.

Nosotros también hemos sido bautizados. Nuestro bautismo expresa que creemos en Jesús, en su persona, en su palabra, en su misión. Hemos sido sumergidos en su vida, muerte y resurrección. Participamos de su vida, compartimos su victoria sobre la muerte.
Somos miembros de la comunidad por el creada, que es la Iglesia; recibimos una fuerza especial, su gracia, para resistirnos al mal y colaborar en su proyecto sobre el mundo y la vida; estamos unidos a Cristo, su evangelio es nuestro proyecto personal de vida; llevamos el apellido de cristianos.

El bautizado, llevando una vida como cualquier persona, es de otra manera. Nuestra vivencia y experiencia personal de Dios; nuestro sentido de la vida, del trabajo, de la familia; el valor de cada ser humano; nuestra forma de hacer las cosas…El cristiano tiene que ir asemejándose a Cristo, revestirse de Cristo, actuar como un hijo de Dios, hacer honor a su nombre, somos ungidos, consagrados, elegidos, enviados. No podemos actuar prescindiendo de nuestra condición de bautizados.

La pila bautismal es la fuente en la que renacimos a la vida espiritual. La comunidad cristiana de la que formamos parte es la familia con la que oramos y que reza por nosotros, el lugar donde celebramos el perdón, la eucaristía y todas las cosas grandes que llenan nuestra vida. Nuestra familia nos enseñó quien era el Padre Dios, cómo nos amó en Jesús, aprendimos a hacer la señal del cristiano que es la Santa Cruz, a rezar el Padrenuestro…Si no fuéramos cristianos seríamos de otra manera.

En nuestra vida nos acompaña el Señor desde antes de nacer. Las demás personas “entran y salen”, pero quien da unidad a todo lo que somos, hasta el momento del encuentro con el Señor, después de la muerte, es Jesús.

No vivamos al “disimulo” de nuestra condición de cristianos. Tenemos que ser “cristos”, trabajar por su proyecto en el mundo, ser sal de la tierra y luz del mundo. Sin fanatismos exhibicionistas, pero con la constancia, la humildad y la discreción de quien “pasa por el mundo haciendo el bien”, utiliza como estilo el amor y es especialmente sensible al dolor y sufrimiento humano. El cristiano no debe parar, en ningún sitio ni circunstancia, de actuar como si fuera Jesucristo.

El evangelio tiene una fuerza y una verdad cautivadora. Si lo intentamos vivir, él solo cambia el corazón de los hombres.
Volvemos al Tiempo Ordinario en el año litúrgico. El tiempo de seguir al Maestro, de escucharle, de formarnos como discípulos, de vivir como trabajadores de su viña.

Disfrutad desde vuestra condición de bautizados. Estamos en el mundo sin ser del mundo, ni hacer, ni decir, ni moldearnos por los estereotipos del mundo. “El que es de Cristo ya es una criatura nueva”, Que así sea.

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EPIFANIA DEL SAÑOR. (6-enero-2014) 
domingo, enero 5, 2014, 07:24 AM - Comentarios a las Lecturas
EPIFANIA DEL SEÑOR. Ciclo A. (6-enero-2014)

1ª Lectura. Isaías 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti

Salmo 71. Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.

2ª Lectura. Efesios 3, 2-3ª. 5-6. Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos.

Evangelio. Mateo 2, 1-12. Venimos de Oriente para adorar al rey.

Cristo es la luz que ilumina a los hombres en este mundo de tantas oscuridades. Se nos invita a buscarlo, a reconocerlo, a ofrecerle lo que somos y a adorarlo. Durante todas las fiestas de Navidad el Señor quiere manifestarse, darse a conocer: a José y a María, a los pastores y hoy, el día de la Epifanía, a todos los pueblos. El es la luz del mundo, de cada uno de los corazones.

Los Magos vienen de lejos, han visto la estrella, piensan que es de un Rey y quieren encontrarlo y adorarlo. La alusión a la estrella recuerda una tradición secular de los pueblos antiguos que decía que cuando aparecía una nueva estrella Dios tenía que hacerse presente en esta tierra.

Los sabios de Israel sabían que el Mesías tenía que nacer en Belén; pero son unos extranjeros quienes le buscan en la noche y no paran hasta encontrarlo. Los sabios de oriente son humildes, constantes, generosos y tienen mucha alegría: “Entraron en la casa, vieron al Niño con María su Madre y cayendo de rodillas lo adoraron” después le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra.

San Mateo pone al Niño en el regazo de su Madre y los Santos Padres ven a María como trono de la sabiduría y símbolo de la Iglesia: en María vieron al Niño. María lo revela como Salvador de todos.

La adoración, la postración es un signo de reconocimiento de la grandeza del Señor: respeto, silencio, contemplación, presencia en paz, apertura de la vida, acción de gracias, amor en la cercanía y presencia del Señor…No vulgaricemos ni perdamos el sentido trascendente ante el Señor. El recogimiento del creyente debe ser un signo de la grandeza de aquel a quien adoramos. El carácter social de los actos religiosos convierte los templos en lugares de actos sociales y convenciones y le quita el ambiente de oración propio. Siempre han existido los atrios de las iglesias para los saludos humanos, reservando a los templos como lugares respetuosos de oración y celebración. La sensibilidad de los jóvenes y su ansia de trascendencia les lleva a buscar y valorar los espacios de silencio y recogimiento.

Los magos son un ejemplo de búsqueda en el camino de la fe. Hay que salir de las comodidades y seguridades y que ponerse en camino; arriesgarse a conocer lo que Dios espera de nosotros. Cuando pasamos por situaciones o lugares de pecado y mal ambiente, se esconde la estrella que nos lleva al Señor. Hay que superar situaciones de cansancio y abandono.

Los magos eras tres; en el largo camino de la vida cristiana necesitamos acompañamiento para no desanimarnos ni buscarnos a nosotros mismos. La meta no es conocer, sino adorar y ofrecer. Solo entonces la luz que es Jesús, llena y cambia nuestra vida. Cada cristiano debe ser cono una estrella que conduzca a otros a Cristo.
Los magos se volvieron a su tierra por otro camino, de otra forma, con otra luz y forma de vivir. Encontrarse con el Señor exige de manera natural esta transformación. Si salimos de la eucaristía como hemos entrado, a veces peor, por nuestros prejuicios e intransigencias, prisas y distracciones…hemos perdido el viaje y no nos hemos encontrado con Cristo ¡qué luz vamos a testimoniar!

El cristiano, enamorado y fascinado por Cristo, debe volver a la vida ordinaria a llevar a Cristo Luz a sus hermanos que le necesitan.

Epifanía. Dios quiere ser conocido y amado por todos, para disipar sombras y tristezas, para que lleguemos y maduremos en la fe. ¿Ha empezado en nosotros?.


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SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD. Ciclo A.( 5-enero-2014) 
jueves, enero 2, 2014, 11:09 PM - Comentarios a las Lecturas
SEGUNDO DOMINGO DESPUES DE NAVIDAD. Ciclo A (5-enero-2014)

1ª Lectura. Eclesiástico 24, 1-4.12-16. La sabiduría habita en medio del pueblo elegido.

Salmo 147. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

2ª Lectura. Efesios 1, 3-6.15-18. Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo.

Evangelio. Juan 1, 1-18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Todas las fiestas de este ciclo de Navidad nos ayudan a contemplar el misterio que celebramos y que se ha revelado en Belén: Dios se ha hecho hombre en Jesucristo. Todas estas fiestas, no son repeticiones, sino que vamos profundizando en la grandeza y la riqueza de este misterio.

El día de Navidad, en las distintas celebraciones (vigilia, medianoche, misas del día) la Iglesia nos insistía en que el nacimiento del Señor había sucedido en la historia: Jesús, nació un día, a una hora, en un lugar concreto, de una madre. Este segundo domingo de Navidad, las lecturas envían muy lejos, nos dicen que este Niño es la Sabiduría del Creador, que existe desde el principio, desde antes de los siglos…que ha echado raíces en un pueblo glorioso. Lo que celebramos en Navidad está diseñado desde antes de la creación, forma parte del plan del Padre.

San Pablo en la segunda lectura también nos habla del proyecto divino.”El nos eligió, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor”. La historia de la salvación es un largo y pensado plan de Dios, realizado desde un gran amor, y que ahora, en el nacimiento del Señor ha tenido un momento culminante. Nos ha elegido para “ser santos e inmaculados…para ser alabanza de su gloria”. Dios, desde el principio, quiere que participemos de la vida divina de su Hijo, quiere elevar nuestra humilde condición de pecadores a la altísima dignidad de hijos de Dios.

El evangelio de hoy ya lo proclamamos en la misa del día de Navidad. El prólogo del evangelio de San Juan quiere que contemplemos la grandeza del misterio que es Dios y que nos envuelve a nosotros. “En el Verbo estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” y esta vida acampó entre nosotros, nació de María virgen. Dios y hombre. Dios se ha manifestado en la carne humana.

Ahora somos nosotros quienes tenemos que acogerlo, para que su luz ilumine las oscuridades de la vida y de la condición humana.

Acogerlo es vivir creyendo en la gran dignidad que tiene cada ser humano, porque la Sabiduría de Dios ha recreado y dignificado la pobreza y la miseria humana. Ser hijos de Dios es “encarnarse”, comprometerse con todo lo que rebaja la dignidad de las personas que el Verbo ha querido abrazar y elevar. Creer en su nombre es creer en él, Dios y hombre verdadero, en lo que es, en lo que dice, en lo que hace y en cómo lo hace.

La liturgia de este segundo domingo de Navidad quiere que comprendamos que el Nacimiento de Jesús en Belén de esta manera, responde al plan eterno de un Dios amor, que quiere transformarnos y elevarnos, desde lo más hondo de la condición humana, por un amor comprometido y liberador. El Dios con nosotros quiere hacernos como él, quiere que compartamos su condición divina. Ahora debemos acogerle y responder.

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