Blog del párroco
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (17 de abril) 
viernes, abril 15, 2011, 07:12 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR ( 17 de abril)

La entrada de Jesús en Jerusalén tiene un sabor de victoria y de tragedia. Jesús entra libremente y es aclamado como el “hijo de David”, el que” viene en nombre del Señor”; la lectura de la pasión, según San Mateo, pondrá a la segunda parte de la celebración el tono dramático de tragedia: comienzan los días de la Pasión del Señor. La lectura de Isaías, describiéndonos los sufrimientos del Mesías; el salmo 21, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, el grito tremendo de angustia, oscuridad y sin sentido del sufrimiento que hace que esté presente en el sufrimiento del Señor todo el misterio del sufrimiento, muchas veces incomprensible, de los hombres; el himno de Filipenses explicando el sentido de la Pasión… nos introducen en la profundidad de las celebraciones de Semana Santa.

Evangelio para la bendición y procesión de ramos y palmas:

Mateo 21, 1-11. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

La entrada de Jesús en Jerusalén es un signo propio del Mesías. Jesús, libremente entra en la ciudad santa, como estaba previsto por los profetas, a consumar su misión redentora. Entra como rey humilde y pacífico. Mateo hace referencia a una profecía de Zacarías: “Mira, tu rey viene a ti humilde y sentado en un asno…” El Señor es quien prepara personalmente todos los detalles de su entrada, los discípulos solamente obedecen. Jesús quiere marcar el que ha sido el estilo de su mesianismo, humilde y pacificador y subrayar que va a la muerte con total libertad, va a obedecer al Padre hasta el final.

Todo en la entrada del Señor es profético: le alfombran las calles como a Señor; le aclaman con ramos (olivo=paz, laurel=victoria, palmas=martirio); le vitorean…pero no entra sobre un caballo, sino sobre una borrica con su pollino. La entrada del Señor tendrá una doble resonancia: aclamación por parte de los sencillos y hostilidad por parte de los habitantes de Jerusalén, sobre todo, de sus autoridades.

Lecturas de la misa

1ª Lectura: Isaías 50, 4-7.(Tercer cántico del Siervo del Señor).No oculté el rostro a insultos y sé que no quedaré avergonzado.

Salmo 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
2ª Lectura: Filipenses 2, 6-11. Se rebajó a sí mismo, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo: 26, 14-27. 66
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El Domingo de Ramos nos anticipa la Pascua. Si no hubiera sucedido la Resurrección, todo hubiera terminado en tragedia y hubiéramos tenido que acallar esta entrada del Señor en Jerusalén. Muchas veces en la vida presenciamos triunfos aparentes que terminan en tragedia, triunfadores y personas admiradas como gente de éxito que termina en la cárcel. Pero el Señor, resucitó y esta entrada de Jesús es profecía de victoria, más allá de lo que podía parecer un fracaso humano.

El Señor tenía que entrar en Jerusalén, donde había predicado, curado, llorado, rezado…como Rey. No como otros hubieran querido, como blasfemo o malhechor, como perdedor o fracasado.

Siempre el pueblo cristiano ha celebrado con tono de pascua esta entrada: las palmas rizadas, los cantos, las ramas. El “domingo de ramos, el que no estrena no tiene manos”. Y ponían caramelos a los niños en los ramos. Mucha alegría porque el Señor entra en Jerusalén como Mesías y terminará en victoria.

Pablo VI dio a este domingo un carácter juvenil y Juan Pablo II quiso encomendar a los jóvenes el anuncio de Jesucristo en las jornadas mundiales de la juventud. Jesús es “el profeta de Nazaret, de Galilea”. “Hosanna al Hijo de David”, hay que manifestar públicamente a Jesucristo, mesías humilde y pacífico, con entusiasmo, con perseverancia, más allá de los esfuerzos y sacrificios que pida la fidelidad al Señor.


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QUINTO DOMINGO DE CUARESMA (10 de abril) 
domingo, abril 10, 2011, 10:11 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO QUINTO DE CUARESMA (10 de abril)

1ª Lectura. Ezequiel 37, 12-14. Os infundiré mi Espíritu y viviréis.

Salmo 129. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

2ª Lectura. Romanos 8, 8-11. El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en vosotros.

Evangelio. Juan 11, 1-45. Yo soy la resurrección y la vida.

A las puertas ya de la Semana Santa (el próximo domingo es De Ramos), la Iglesia nos proclama en la Eucaristía el séptimo signo del Evangelio de San Juan; en la plenitud de la presentación del Maestro, escuchamos al Señor que nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”.

El Señor es la fuente del agua viva; el Señor es la luz del mundo; el Señor es la resurrección y la vida. Creer en Él, para vivir como Él y que Él nos vaya haciendo semejantes a Él, para que con su Espíritu, trabajemos en la transformación de este mundo según su proyecto.

Hoy en Cristo contemplamos al amigo que sufre y llora, que está cerca, que se hace presente en el momento adecuado para que se cumpla el plan de Dios. Al Maestro que con delicadeza nos va conduciendo por el camino de la confianza hasta llevarnos a la plenitud de la fe. Y al Hijo de Dios, que siempre se apoya en el Padre y que con la fuerza y autoridad de su divinidad, llama con energía a Lázaro a la vida. Aunque hubiese olor de corrupción y de muerte, siempre es mas eficaz y transformadora la fuerza, la energía de Dios.

Cristo nos trae la vida en plenitud ya, para el día a día en este mundo. No es vida solo para después, para la eternidad; el que le conoce, le sigue, se fía de Él, ya puede comenzar a vivir el plan de Dios sobre él.

Igual que Jesús vino a saciar todos nuestros vacíos e insatisfacciones, a iluminar las sombras y oscuridades hoy nos propone transformar la muerte en vida. La invitación al seguimiento es una invitación constante a mejorar, a convertirnos, a crecer según el proyecto de Dios. Y también a mirar nuestra realidad para que trabajemos por erradicar lo que no sea bueno, justo, digno del hombre. La con versión siempre supone misión, volver a la realidad que nos rodea, familia, trabajo, sociedad…con un Espíritu nuevo. “Os infundiré mi Espíritu y viviréis”, “el Espíritu de Jesús habita en vosotros”, nos recuerdan Ezequiel y Pablo al escribir a los cristianos de Roma. Es el mismo Espíritu que resucitó a Jesús. La fe nos hace vivir con esta autenticidad, amor, ilusión, compromiso.

Hay mucha rutina, comodidad, inseguridad interior, falta de riesgo en el compromiso, religiosidad tranquilizadora más que trasformadora. “Os infundiré mi Espíritu y viviréis”. “Yo soy la resurrección y la vida”.

No es fácil actuar desde Jesucristo. Después de este signo, sus enemigos tomaron la firme decisión de acabar con Él. No hay denuncia más clara y molesta, inquietante y desestabilizadora que la del que hace el bien con verdad y por amor.

Si queremos resucitar con Cristo, si queremos celebrar con autenticidad la Pascua, queridos hermanos, no hay mas vida que la suya, ni mas plenitud que el vivir configurados a El.

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CUARTO DOMINGO DE CUARESMA (3 DE ABRIL) 
domingo, abril 3, 2011, 01:08 AM
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA (día 3 de abril)

1º Lectura: 1º de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13ª. David es ungido rey de Israel

Salmo 22. El Señor es mi pastor, nada me falta.

2ª Lectura: Efesios 5, 8-14. Caminad como hijos de la luz.

Evangelio: Juan 9, 1-41. Fue, se lavó, y volvió con vista.

Este domingo el evangelio nos presenta el segundo encuentro salvador de Jesús en el camino hacia la Pascua. Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento, hizo barro con tierra y saliva, se lo untó en los ojos y lo mandó a lavarse en la piscina de Siloé. El ciego lo hizo, se lavó y quedó curado.

Los discípulos, ante el hecho de la ceguera, se preocupan por la causa, buscándola en el terreno moral: “¿Quién pecó, él o sus padres? Jesús les dirá que el mal, más que ser explicarlo debe ser combatido, así se manifiesta la gloria de Dios, que no pasa de largo ante la necesidad de un ser humano y que, inmediatamente, actúa, buscando la solución sobre todos los obstáculos.

Ante el signo que realiza Jesús, todos toman posiciones: los vecinos tenían extrañeza y curiosidad y se acercan hasta Jesús, sin llegar a definirse. Sus familiares ven posibles problemas con los fariseos y se desmarcan completamente para no correr ningún riesgo. Los fariseos se irritan contra Jesús, porque cura en sábado (siempre la ley y las formas por encima de la misericordia) y contra el ciego porque les molesta el que reconozca a Jesús como a un profeta. Solamente ellos podían reconocer qué venía o no venía de Dios. El ciego va progresando en el conocimiento que tiene de El: “ese hombre”, un rabí, un profeta, el Hijo del Hombre, que ya es un título mesiánico. Y creyó y se postró ante El. Llega a la madurez de la fe.

Jesús se muestra con toda su grandeza. El, que se compadecía ante la muchedumbre porque andaba como ovejas sin pastor, y les dio de comer y mandó que se les diera siempre. El, que se sentó junto al pozo de Jacob esperando a la Samaritana y la escuchó hasta que naciera en ella la sed de agua viva convirtiéndose en mensajera del evangelio entre los de su pueblo. El ve al ciego, lo unta (reproduciendo la acción creadora del Padre), le manda que se lava, lo acoge y lo vuelve a recoger cuando se entera de que lo han expulsado de la sinagoga, porque en su familia y en su banquete tienen siempre sitio los excluidos de la tierra. Es el cumplimiento de que “la Palabra que era la luz verdadera” y esa Palabra es Jesucristo.

La ceguera representa la humanidad que vive en la oscuridad y en la búsqueda. Jesús, es el don del padre que ilumina nuestro camino. Nos revela el misterio de Dios, su amor y su vida y el sentido de nuestra vida y la llena de paz, amor y confianza
Jesús, con su vida y su palabra, es la luz que Dios Padre enfoca hacia nosotros. La segunda lectura nos ayuda a concretar: caminad como hijos de la luz, vigilad, vivid. Esto quiere decir dos cosas: abrir los ojos de la fe al mensaje de Jesucristo y vivir con actitudes de amor, desprendimiento y alegría, dando frutos de bondad, justicia y verdad. Así dejaremos trasparentar l luz del Evangelio e iluminaremos a los que nos rodean con obras y palabras.

Nosotros fuimos bautizados de pequeños y se nos entregó un cirio encendido del cirio pascual, pidiendo la iglesia a los padres y padrinos, que esa luz que la Iglesia les entregaba la mantuvieran encendida hasta la vida eterna, con todos los medios que tenemos para crecer y madurar en la fe. Es la misión: ser como Cristo en criterios, acciones, luchas, compromisos, posturas…en todos los foros y campos, para reflejar con una eficacia activa, eficaz y transformadora la luz del Evangelio. El que ha tenido experiencia personal de Cristo ya no puede mas que vivir para El.




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TERCER DOMINGO DE CUARESMA (27 de marzo) 
sábado, marzo 26, 2011, 10:00 AM - Comentarios a las Lecturas
TERCER DOMINGO DE CUARESMA (27 de marzo)
1ª Lectura. Éxodo 17, 3-7. Danos agua para beber.
Salmo 94. Escucharemos tu voz, Señor.
2ª Lectura. Romanos 5, 1-2. 5-8. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Evangelio. Juan 4, 5-42. Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
El ciclo A que estamos celebrando, tiene un especial carácter bautismal: la Samaritana, el ciego de nacimiento y Lázaro, serán los personajes que se encontrarán con Jesús y a quienes se les revelará como agua viva, luz del mundo y resurrección y vida, tres catequesis que recibían los candidatos a recibir el bautismo la noche de pascua.
Hoy la primera lectura nos habla de pueblo de Israel que critica contra Dios por la sequedad del desierto. A través de Moisés Dios les hizo brotar agua de la roca en Meribá. Después de este don vinieron muchos más, sobre todo el de la ley y la alianza en el Sinaí, expresión del amor de Dios que les hacía posible la vida. Pablo en la segunda lectura habla del amor de Dios, “derramado” sobre el corazón de los creyentes, creando en nosotros un corazón nuevo.
El evangelio nos traslada junto al pozo de Jacob, ante Jesús y con la Samaritana. Es un relato largo y precioso donde encontramos a Jesús que prepara el encuentro con la mujer, como hace con tantas personas sedientas de sentido y de vida y que inicia el encuentro y el diálogo con su “dame de beber”. El quiere que tomemos conciencia de nuestra sed y de nuestros vacíos para que lleguemos a pedirle a El agua viva y nos transforme, haciendo que brote en nuestro interior un verdadero manantial de vida que pueda enriquecer y transformar a muchos mas.
Da un poco de miedo situarse ante el Señor, por lo que con claridad nos puede pedir y por eso somos maestros en jugar al despiste y en mirar hacia otra dirección: “¿dónde hay que darte culto, en Jerusalén o Garizin”? Jesús tiene un corazón muy universal. Dios no se cierra a lugares ni tradiciones. “En Espíritu y verdad”: en cualquier lugar del mundo, junto a cualquier ser humano, desde su mismo Espíritu de amor, sencillez y opción por los pequeños, con autenticidad de vida y como coherencia. El culto está en el reconocimiento de la grandeza de Dios, en la valoración de todo lo que recibimos de Él y, como consecuencia, en reproducir en nosotros su estilo, valores y opciones.
La Samaritana quedó admirada porque el Señor llegó a lo mas honde de su vida y de su historia y no la recriminó. Abandonó el cántaro de su vida anterior y se convirtió en mensajera del Evangelio, en testigo de Jesús entre los suyos.
Y Jesús se quedó entre los samaritanos después del encuentro con aquella mujer. ¡Qué provocación! La libertad de Jesús nos permite el que su salvación llegue a todos.
Hoy, conscientes de nuestras pobrezas, somos nosotros quienes pedimos a Jesús “dame de beber”. Hay que sentarse ante El, en el silencio de la oración; hay que pararse ante El, más allá de los agobios de cada día, para ser conscientes de la propia sed, de la necesidad profunda que tenemos de dejarnos purificar por El y de beber del agua viva de su Palabra, para sentirnos personas nuevas. Necesitamos beber del agua que El nos da para que no se agote en nuestro interior el manantial de agua viva que brota hasta la vida eterna.





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SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA ( 20 de marzo) 
viernes, marzo 18, 2011, 10:53 AM - Comentarios a las Lecturas
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA (20 de marzo)

1ª Lectura: Génesis 12, 1-4ª. Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios.

Salmo 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos en ti.

2ª Lectura: 2ª a Timoteo 1, 8b-10. Dios nos llama y nos ilumina.

Evangelio: Mateo 17, 19. Su rostro resplandeció como el sol.

Nos dirigimos a Jerusalén con Jesús y le acompañamos al monte Tabor donde vivimos, con los apóstoles más cercanos, un momento de gloria. Este no es el monte de las tentaciones. Aquí el mismo Padre nos presenta a Jesús lleno de luz, nos dice que es su Hijo amado y que le escuchemos más allá de otras leyes (Moisés) y de otras enseñanzas (Elías), porque solo él es legislador de la nueva ley, el verdadero maestro y la palabra definitiva del Padre. Cristo transfigurado manifiesta su divinidad y la meta a la que tendemos los bautizados que compartimos la luz que es Jesucristo.
El camino puede hacerse largo y costoso; necesitamos recordar el sentido de lo que hacemos y vivimos, y dónde está la meta a la que nos dirigimos. Cristo resucitado es nuestra meta.
Considerar nuestras verdaderas fuerzas, descansar y seguir.
Jesús busca para él y para los apóstoles un oasis de luz donde encontrar sentido y fuerza para recorrer el camino hasta el final. Pasar por la pasión para llegar a la gloria.
En la primera lectura hemos encontrado a Abraham, hombre creyente y peregrino de la fe. Salió de su casa rumbo a una tierra desconocida y se fió solo de Dios. Era mayor y sin futuro, solo tenía la promesa de Dios; se fió de la palabra y Dios le dio tierra y descendencia. La vida el creyente y de la Iglesia es una peregrinación constante: fiados solo en la palabra, en el misterio del bien hacer de Dios.
En la segunda lectura Pablo nos invita a tomar parte en los duros trabajos del evangelio; esta difícil misión podemos realizarla con la gracia de Dios.
Este segundo domingo de cuaresma la Iglesia nos recuerda que la vida es una respuesta a la llamada del Señor. Que tenemos una meta clara, transformarnos en Cristo; conseguirlo supone no cansarse ni desviarse en este largo camino, confiar y responder a la gracia de Dios, no tener miedo a las dificultades (las cruces) por las que hay que pasar para disfrutar de la gloria que el Señor nos ofrece.
Es muy necesario el silencio y la soledad para considerar dónde estamos y escuchar lo que Dios nos pide. La fe supone escuchar y discernir, para evitar atolondramientos que nos desvíen y para contar con las fuerzas que nos permitan llegar al final.
Pedro tuvo dos dificultades: equiparar a Cristo a otras palabras o promesas (“hagamos tres tiendas…” El Padre cortará y dirá “ahí tenéis a mi Hijo, escuchadle”) y quedarse en esa situación sin volver al llano de la vida.
Llenos de Cristo, hay que volver al llano de la vida, participando en los duros trabajos del evangelio y trasmitiendo la luz que viene del Señor. Pero esto lo podremos realizar si nos transfiguramos en Cristo. Este es un gran reto para los cristianos y para la Iglesia .


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