Blog del párroco
Domingo 17º del Tiempo Ordinario (24 de julio) 
domingo, julio 17, 2011, 11:51 PM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 17º DEL TIEMPO ORDINARIO (24 de julio)

1ª Lectura. 1er. Libro de los Reyes 3, 5.7-12. Pediste discernimiento. Aquí la sabiduría consiste en saber gobernar y juzgar, elegir siempre lo mejor según la mente y el corazón de Dios.

Salmo 118. Cuánto amo tu voluntad, Señor.

2ª Lectura. Romanos 8, 28-30. Nos predestinó a ser imagen de su Hijo.

Evangelio. Mateo 13, 44-52. Vende todo lo que tiene y compra el campo.

Seguimos con parábolas del Reino: la del tesoro escondido y la de la perla de gran valor. El Señor, con las parábolas, nos habla con sencillez y claridad, nos enseña, y al interpelarnos, nos implica esperando una respuesta personal.

Hoy el Señor nos pregunta: cuando sabes que tienes un tesoro o una perla de gran valor al alcance de la mano, ¿qué pasa en tu vida, qué eres capaz de hacer? Lo de encontrar un tesoro ha sido siempre un sueño en la vida de todos para llegar a ser muy ricos.

En la parábola el Señor nos dice que quien lo encontró se llenó de alegría; vendió lo que tenía para poder conseguir el campo, donde se encuentra el tesoro o la perla; y cavó y ahondó hasta que los encontró.

Llenarnos de alegría. ¡Cuántas veces consideramos el evangelio, la vida cristiana, como una carga que nos limita y nos llena de obligaciones que nos fastidian! Conocer al Padre, a Jesucristo, experimentar la presencia del Espíritu en nosotros, en la Iglesia, en el mundo…La Palabra con toda su riqueza…Cuando nos falta la alegría en la vida cristiana es porque no la acogemos como un don.

Y venderlo todo, para conseguirlo. Santa Teresa de Jesús nos decía que Dios nunca fuerza nuestra voluntad, que se nos da del todo, si se lo damos todo. ¡Cuántas veces pensamos que “darlo todo” empobrece! Dios quiere nuestra pobreza para podernos llenar de todo lo que realmente vale, de todos su bienes temporales, espirituales y eternos. No hay comparación entre lo que damos y lo que recibimos, entre aquello a lo que renunciamos y todo lo que Dios nos proporciona y facilita de otras maneras.

Y cavar muy hondo para encontrarlo. Desde la superficialidad o las concesiones al mundo de lo fácil, ¡qué difícil resulta desarrollar el mundo de la interioridad! Saber entrar dentro de nosotros para descubrir al Señor, hace referencia al mundo de la oración profunda, de la contemplación, donde todo se experimenta de otra manera. Y con paciencia y esfuerzo. La oración es un trabajo que requiere acallar muchas voces e intereses personales para llegar a Dios, al conocimiento de su voluntad sobre todo.

Alegría, desprendimiento con sacrificio, y profundidad para llegar a la verdad. Elegir y preferir para hacerlo vida. El tesoro de la fe, de los valores del Evangelio, del proyecto de Dios sobre nosotros, es lo que realmente nos hace ricos.

No podemos vivir a medias. Necesitamos vivir la riqueza de le fe y ayudar a muchos hermanos próximos que pueden experimentar lo insuficiente de sus ideales, proyectos y vidas. Sabemos dónde está el tesoro y cómo llegar a él.





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Consejos para el buen lector 
martes, julio 12, 2011, 05:28 PM - Otros
CONSEJOS PARA EL BUEN LECTOR


1.Leerse la lectura antes. Leerla para entender bien su sentido, donde están los puntos y las comas y las palabras con que uno puede tropezar.

2.Estar a punto y acercarse al ambón en el momento oportuno, cuando termina la oración “colecta” Procurar estar colocado cerca del ambón.

3.Cuando se está en el ambón, cuidar la posición del cuerpo. Ni posturas rígidas, ni las manos en los bolsillos, las piernas cruzadas, etc.

4.Situarse a distancia adecuada del micrófono: a un palmo suele ser la medida correcta .Comprobar que la luz del interruptor está encendida. Para no cambiar la distancia respecto al micrófono, mover el leccionario hasta tener delante de la vista la lectura a proclamar.

5.No comenzar hasta que la gente esté sentada.

6.Leer despacio. Mantener un tono general de calma. Ni subir aprisa comenzando la lectura sin mirar a la gente, ni acabar huyendo mas aprisa todavía. Hacer una pausa antes de decir “Palabra de Dios”, escuchar desde el ambón la respuesta del pueblo y volver al asiento.

7.Vocalizar. Sin afectación recordar que se está “proclamando” en público.

8.No bajar el tono en los finales de frase; A menudo, al bajar el tono, los finales de frase se hacen ininteligibles.

9.Procurar leer con la cabeza alta. La voz resulta mas fácil de captar y el tono mas alto. Si es necesario, levantar el libro para no tener que bajar la cabeza.

10.El lector de la primera lectura sube al ambón después de la oración colecta. Si el salmo no se canta, también lo lee. Si hay suficientes lectores, la segunda lectura la debe proclamar otro lector.

11.No se tiene que leer la letra roja del comienzo. No se dice “primera o segunda lectura”. Tampoco se dice “salmo responsorial”. Ni se deben hacer indicaciones, tipo “repitan, levántense...”

12.El lector del salmo responsorial repite la respuesta con menos voz, ayudando así a responder a la asamblea.

13.El “Aleluya”, si no se canta, puede omitirse. Nunca lo lee el lector de la segunda lectura, ya que no tienen ninguna relación.

14.Hacer de “Lector” es una misión importante dentro de la asamblea, ya que se presta nuestra voz al Señor, para que su Palabra resuene. El hecho de que cristianos de distintas edades y condiciones puedan leer la Palabra de Dios, da una buena imagen de lo que la comunidad cristiana es. Será conveniente que los lectores no sean siempre los mismos cada domingo; tiene que funcionar un criterio de equilibrio: diversidad y buena proclamación.

15. El documento “Ordenación para las lecturas de la Misa”, en el número 55 dice que los lectores deben tener ante todo, preparación espiritual, además de la preparación técnica. La preparación espiritual supone percibir el sentido de la lectura proclamada. La técnica, leer bien.

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Domingo XVI del tiempo ordinario (día 17 de julio) 
lunes, julio 11, 2011, 08:06 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de julio)

1ª Lectura. Sabiduría 12, 13. 16-19. En Dios no son incompatibles la justicia y la misericordia; él es paciente con los pecadores en espera de arrepentimiento, postura que debemos aprender todos sus hijos,

Salmo 85. Tú, Señor, eres bueno y clemente. Esta bondad es la base de nuestra confianza.

2ª Lectura. Romanos 8, 26-27. El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables, dirige nuestra oración y nos sugiere lo que debemos pedir.

Evangelio. Mateo 13, 24-43. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.
El evangelio nos propone tres parábolas del Reino que nos hablan de la paciencia de Dios: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza, la levadura. La Palabra de Dios está llena de sabiduría y se dirige e interpela a todos.

En el mundo está presente el mal y el bien. Lo detectamos con facilidad, pero tenemos el peligro de pensar que el mal está en los otros. La parábola nos dice que el mal no procede de Dios (hay un enemigo que lo siembra de noche). Dios lo ha hecho todo bien y para el bien y la felicidad del hombre. Pero ¿qué es lo bueno y qué lo malo? Hay que mirar los frutos, “por sus frutos los conoceréis” y hay que dar tiempo y esperar. ¡Cuánto agradecemos todo el tiempo que Dios nos da para ir cayendo en la cuenta, a lo largo de la vida, de los errores que cometemos y en los que nos instalamos! “Dejadlos crecer juntos”. En todo corazón está presente el mal; hay que procurar, que la acción de la gracia nos vaya cambiando y que nuestros frutos sean buenos y evangélicos.

Esta parábola responde al peligro de los fundamentalismos (los otros son los malos) y de convertirnos en juez del hermano “arrancamos…”.Dios da tiempo y espera. No confunde el mal y el bien, no hace reduccionismos, pero espera en que cambie el ser humano. Siempre confía en la bondad del hombre.

La parábola del grano de mostaza es un canto a la humildad y sencillez. Es la más pequeña de las semillas, pero hay en ella energía para convertirla en arbusto frondoso donde aniden los pájaros del cielo. También en nosotros está la fuerza del Espíritu que nos hace crecer hacia arriba y que nos capacita para crear comunión.

La levadura nos habla de la sencillez de la palabra y de su poder transformador. Transforma y hace crecer toda la masa. Pero no puede perder su capacidad de ser levadura ni su misión de estar entre la masa. También el cristiano tiene que ser auténtico y estar al servicio de los demás.

El Reino de Dios ya está entre nosotros, haciendo su camino, aunque muchas veces no lo queramos ver. Dios es eficaz y no para, ni se detiene, en su deseo de salvar al hombre. Tiene todo el tiempo, porque es Señor de la historia; nos da tiempo, porque no nos quiere perder y cada persona tiene un ritmo de crecimiento y transformación personal. Ha optado siempre por lo humilde, lo discreto, nunca lo aparatoso ni lo triunfalista; no busca tener éxito ni triunfar, sino desde la verdad, salvar.

Jesús es fiel, su motivación siempre es la misericordia. Es paciente, renuncia a toda forma de violencia, que siempre atropella y destruye. Es buena noticia para los mansos, los sencillos, los que lloran, los pobres.

Que la Palabra de Dios, acogida con amor, nos vaya transformando en aquel que incansablemente nos busca y nos envía.


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DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO (10 de julio) 
sábado, julio 9, 2011, 11:04 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO 15º DEL TIEMPO ORDINARIO (10 de julio)

1ª Lectura. Isaías 55, 10-11. La palabra de Dios lo acerca a nosotros. Es viva, fecunda y eficaz, pero hay que acogerla para que realice la salvación que anuncia.

Salmo 64. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto. El Señor, no solo nos regala la semilla, sino que es el labrador que cuida la tierra, la enriquece, la riega. Es necesario responder a la acción de Dios, para no hacer ineficaz tanto don.

2ª Lectura. Romanos 8, 18-23. San Pablo nos llama a la esperanza. Aunque en el mundo encontramos mucho sufrimiento y mucho fracaso, dentro mismo de la creación esperamos la acción de Dios que lo restaure, que lo libere y lo salve. Como en el parto, al sufrimiento sigue una creatura nueva.

Evangelio. Mateo 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar. ¡Cuántas veces Jesús, en su infancia contemplaría la imagen del sembrador! Sembrando generosamente a boleo para que llegue la semilla a todas partes; con esa técnica especial, de distribuir bien la semilla, para que no falte en ningún rincón del campo. Antes se ha preparado muy bien la tierra, para que la acoja y la transforme. Después, a esperar el tiempo necesario, para que dé mucho fruto.

La semilla es de buena calidad, es la palabra de Dios, el Evangelio el Reino. No puede fallar. Tiene vida, fuerza, novedad. Para que fructifique tiene que ser bien acogida y hay que dejarse transformar por ella. Se acoge cuando se escucha en un clima de oración, cuando nos dejamos interpelar por ella, cuando nos cambia el corazón y pone en orden nuestra vida. No es suficiente escuchar y conocer. Dejar que se hunda en la tierra, para que no se seque sin llegar a germinar. Que la dispersión, la superficialidad, la rutina, no la sofoquen.

Ser buena tierra, acoger la palabra con un corazón sencillo, lleno de misericordia. Dejar que nos vaya cambiando interiormente, con todo el tiempo que necesite para que nuestra transformación personal sea de verdad y no mero voluntarismo o apariencia. Llegar a dar frutos de vida cristiana que indiquen que nuestra conversión ha sido real. Los buenos frutos en la vida de los cristianos multiplican los efectos de la siembra, los frutos de la Palabra. Las vidas estériles de frutos de santidad hacen ineficaz la semilla recibida, y frenan el proceso transformador que Dios quiere llevar adelante en la Iglesia y en el mundo.

El cristiano tiene que ser buena tierra, buena semilla con su vida, y sembrador incansable con su testimonio y con su palabra. Bondadoso, caritativo y humilde. En medio de la sociedad, que es el campo en el que tiene que enraizar, para transformarlo según el proyecto de Dios.

La vida cristiana no se reduce a sentimiento o intención vivida en la intimidad y que nadie percibe; tampoco afecta únicamente a quien hace esta opción sin que se note en sus comportamientos, en sus prioridades, en su estilo personal, en sus compromisos sociales… Además tiene una proyección misionera, transformadora de la sociedad. La semilla tiene que llegar a todos los rincones, salir a los caminos y caer entre zarzas, aun con los riesgos de que no llegue a fructificar, pero debe llegar a todos.

Le tenemos que pedir al Señor que no falten trabajadores en su campo y que los que hemos recibido el don de la palabra, tengamos el gozo de experimentar la transformación que realiza en nosotros y de compartirla. La Palabra de Dios viene a saciar todas las hambres que padece el ser humano: de pan real que propicie la justicia y la solidaridad entre los hombres; de amor, en una sociedad de tantas rupturas y soledades; de felicidad, cuando falta sentido y metas en la vida.

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Domingo 14º del Tiempo Ordinario 
sábado, julio 2, 2011, 11:21 AM - Comentarios a las Lecturas
DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO (3 de julio)
1ª Lectura. Zacarías 9, 9-10. Tu rey viene pobre a ti.
Salmo 144. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás.
2ª Lectura. Romanos 8, 9. 11-13. Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Evangelio. Mateo 11, 25-30. Soy manso y humilde de corazón.
Hoy en el evangelio Jesús se dirige al Padre con una oración íntima, llena de cariño filial y de agradecimiento: “Te doy gracias, Padre”. Jesús agradece el poder contemplar todas las cosas del mundo y de la vida como dones de Dios y el tener un corazón sencillo y una vida humilde para poderlo descubrir, valorar y agradecer. Jesús es para nosotros modelo y ejemplo a seguir; esta es la actitud básica del creyente: sentirse hijo, muy amado, enriquecido por los dones de Dios, y que, por tanto, valora, con responsabilidad todo lo que recibe, lo utiliza y multiplica y no se llena de soberbia ante sus hermanos porque para él es un gozo servir y compartir.
Después nos invita a acudir a Él: “venid a mí”. Él es el mediador ante el Padre, es el hermano mayor que ha pasado por la experiencia de la cruz. En cualquier momento o situación, cuando la vida pesa o la enfermedad atenaza. Cuando no se sabe qué dirección tomar en la vida…” Yo os aliviaré”. El Señor nos consuela para que no nos sintamos solos, para que nos sepamos acompañados y ayudados. “Yo os aliviaré”, os ayudaré a llevarlo. El es nuestro cirineo.
El Señor quiere que carguemos con nuestras tareas y responsabilidades, con su ayuda y la del Espíritu, y que lleguemos a vivir la suavidad del seguimiento, de la vida en el amor.
Cuando la vida tiene una meta; cuando tenemos verdaderas motivaciones para actuar como nos corresponde; cuando no nos dejamos llevar por el primer impulso o la mas obsesiva sugerencia que nos pone en conflicto con nuestra propia conciencia; cuando no nos perdemos en razones que justifican todas nuestras posturas y nos hacen personas difíciles; cuando sabemos ponernos en el lugar de la otra persona…siempre con sencillez, lo hacemos desde Jesús.
La primera lectura nos insiste en el estilo del profeta, de Jesús y de la Iglesia: sencillez, pobreza, cercanía, verdad, caridad. Solo desde aquí hemos comprendido todo lo que nos dice Jesús y cómo la afrontaría Él.
El cristiano, como Cristo, siempre asume su vida y sus responsabilidades, por difíciles y dolorosas que parezcan, con la fuerza de saber que el Señor nos ayuda y de que tiene sentido afrontar la propia tarea sin escapismos, disimulos ni falsos consuelos. Toda obra bien hecha tendrá fruto aunque nosotros no lo veamos; es el Señor quien recogerá. Nosotros debemos ofrecer nuestras posibilidades y actuar con rectitud de intención y generosidad. “Mi yugo es suave y mi carga ligera”, aunque yugo y carga.

Hoy es el día que las comunidades cristianas ofrecemos al Papa el fruto de nuestras colectas, la ofrenda, el óbolo de San Pedro, para que él pueda ejercer la caridad, respondiendo a las necesidades más urgentes que vea en la Iglesia.
Esta costumbre ya viene de San Pablo. El apóstol de las gentes tuvo la costumbre de hacer una colecta en las comunidades que iba formando, para los pobres de la Iglesia de Jerusalén; era un gesto precioso de comunión. Ahora, como gesto de comunión con el ministerio del sucesor de Pedro y de solicitud con los cristianos más necesitados de cualquier lugar de la Iglesia, ofrecemos lo que hoy aportamos.
Pedimos al Señor que ilumine y asista al Papa, y agradecemos su servicio a la Iglesia. Como maestro de la fe, guarda los contenidos de la revelación; como pastor, por la obediencia a su enseñanza, nos hace el servicio de vivir en comunión con toda la Iglesia; como obispo sucesor de Cristo, cuando celebra se expresa y visibiliza la Iglesia.
Que la Iglesia ante el mundo, revestida de caridad y humildad como su Maestro, exprese a Cristo, para que el mundo crea y se salve.



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