Blog del párroco
FIESTAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD 
domingo, diciembre 23, 2012, 11:21 PM - Otros
FIESTAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD

Estos días contemplamos a Dios que nace entre nosotros, que viene a nuestro mundo y comparte nuestra vida. Nunca nadie ha dignificado tanto al hombre como Dios, quien, por puro amor, ha compartido con nosotros su condición divina y, así, cada persona, tiene la misma dignidad que Dios.

24 de diciembre: Nochebuena. Después de la cena familiar nos reunimos en el templo, con otros muchos cristianos para celebrar la misa del gallo, la misa del Nacimiento del Señor. Queremos adorar al Niño junto a María y José. Queremos acudir con los pastores a ofrecer al Señor algo de lo que somos y tenemos. Hemos escuchado la Buena Noticia del ángel, “Os ha nacido un salvador”, la mejor noticia que se nos puede trasmitir y queremos que nos alegre el corazón y nos haga renacer la esperanza. En Nochebuena se hacen presentes los mejores sentimientos, los más dulces recuerdos, las añoranzas más llenas de amor… porque este Niño hace que aparezca lo más veraz y noble que hemos vivido y aun queda en nuestro interior.

25 de Diciembre: Navidad. La Palabra se hizo carne, habitó entre nosotros y hemos visto su gloria. Hoy es día de contemplación. A quienes le recibimos nos da la posibilidad de ser hijos de Dios. Acoger, agradecer, corresponder, dejarnos transformar. ¡Oh maravilloso intercambio, Dios se hace hombre para que nosotros podamos compartir su naturaleza divina!.

30 de Diciembre: La Sagrada Familia. El Niño necesitó de la mediación de una familia porque fue semejante a nosotros en todo menos en el pecado. Allí aprendió, creció, lo educaron. Hoy rezamos por las familias, que sean comunidades de vida y amor. Escuelas donde se aprende todo, también a convivir, ceder, contar con los demás, servir. Iglesia, donde se conoce a Dios , se trasmite la fe, se aprende a rezar. Que nuestras familias se parezcan a la Familia de Nazaret.

1 de enero: Santa María, Madre de Dios. A los ocho días de la Navidad ponemos los ojos en aquella que hizo posible con su fe y entrega personal el que fuera a delante el proyecto de Dios. El concilio de Éfeso la proclamó Madre de Dios, porque es Madre de la única persona que hay en Cristo y es divina. Es el título que el pueblo cristiano utiliza con más cariño para dirigirse a la Virgen. La celebramos, le agradecemos, la queremos imitar en su fe y entrega llena de valor y de amor. Madre, Maestra y compañera nuestra. También es la jornada por la paz, “bienaventurados los que trabajan por la paz”, y el comienzo del año civil. Todos nos deseamos la paz, la prosperidad material y espiritual. Agradecemos a Dios el año nuevo como ocasión de crecer en santidad y de hacer el bien.

6 de Enero: Epifanía del Señor. Unos magos hacen un largo camino guiados por una estrella. Dios quiere ser conocido y amado por todos, en los magos están presentes todas las razas y todos los pueblos. Los Magos llevan regalos que Jesús acepta, porque quiere que aprendamos a ser generosos, acogedores y agradecidos. Dios quiere que en las noches de la vida, busquemos siempre la estrella que nos guie y nos lleve a la fuente de la luz que es Jesús y su evangelio. La noche de la cabalgata de Reyes es noche de muchas ilusiones: alguien ha pensado en nosotros, ha recorrido un largo camino, se ha postrado y nos ha regalado. En las noches hay que llegar a Jesús, él es la estrella.

13 de enero: Bautismo del Señor. Ha pasado treinta años en Nazaret y Jesús ya es adulto. Treinta años de silencio; Jesús se pone en la cola de los pecadores para ser bautizado por Juan, él, “el autor del Bautismo”. Su mesianismo será de servicio. Lo presenta su Padre, “mi Hijo amado” y el Espíritu se posó sobre él y ya siempre permaneció en él. Y comienza el nuevo tiempo al anunciar la Buena Noticia. Es día de pensar en nuestra condición de bautizados: hemos sido consagrados, ungidos por el espíritu para, con el mismo espíritu que Cristo, para llevar adelante su misma misión. Con Jesús el reino ya ha comenzado.

Navidad, tiempo de Dios que lo transforma todo. Dejémosle nacer en el corazón y que trasforme nuestras vidas.

¡Feliz Navidad 2012!

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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO ( 23 -12-2012) 
viernes, diciembre 21, 2012, 04:42 PM - Comentarios a las Lecturas
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO (23-12-2012)

1ª Lectura. Miqueas 5, 2-5ª. Belén…de ti saldrá el jefe de Israel.

Salmo 79. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

2ª Lectura. Hebreos 10, 5-10. Cristo al entrar en el mundo dijo: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.

Evangelio. Lucas 1, 39-45. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mí Señor?

Las lecturas de este cuarto domingo de Adviento ya nos hablan de la navidad: Belén, el pueblo del jefe de Israel; María, la Madre de mi Señor, la feliz porque ha creído; Cristo entrando en el mundo para hacer la voluntad del Padre; la súplica del pueblo creyente: Oh Dios, Pastor de la casa de Israel, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pero hoy, la gran protagonista es María. Ella es la puerta por la que entra Dios al mundo. Ella es la Virgen que nos acerca a Dios y nos lo humaniza y nos lo hace tan nuestro.

En ella vemos el favor y la gracia de Dios que la elige y prepara, y la libertad humana que acepta y se entrega. En María se da el más profundo encuentro y la más estrecha colaboración entre Dios y los hombres.

El evangelio nos narra la Visitación, el encuentro gozoso de dos madres y de dos hijos, aún no nacidos.

María se puso en camino tras escuchar el anuncio del ángel: para servir a su anciana prima que va a ser madre, y para contemplar el signo que es la maternidad de Isabel, del misterio que se está realizando en ella.

Isabel la recibe exultante, grita de alegría, la llama “bendita entre las mujeres”, bendecida por Dios; “la Madre de mi Señor”, de mi Dios; la “dichosa porque ha creído”, porque se fió del todo de Dios; la creyente, la “peregrina de la fe” como la llamaba el beato Juan Pablo II.

En María hoy no escuchamos palabras, solamente vemos gestos llenos de amor. Salió de su casa, se puso con prontitud en camino para servir. Un abrazo de dos mujeres que conocen la acción de Dios en ellas y que las llena de alegría. Es la primera portadora de Cristo, mensajera del Evangelio. Estar llenos de Dios y servir a los hermanos, con humildad y caridad, es el mensaje más claro y elocuente.

Los cristianos queremos evangelizar. Nuestra palabra solo llega a los demás cuando precede, acompaña y siguen obras de santidad, amor y cercanía real a los hombres. María es maestra de evangelización porque sabe encontrarse con los que sufren, desde el silencio y la caridad, para servirlos.

En la segunda lectura hemos escuchado: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”. Es la actitud de Cristo y de María: Escucha, obediencia y entrega. Es Dios quien hace con nosotros y en nosotros. Que siga obrando maravillas.

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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (16-12-2012) 
jueves, diciembre 13, 2012, 07:41 AM - Comentarios a las Lecturas
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO (16-12-2012)

1ª Lectura. Sofonías 3, 14-18ª. El Señor se alegrará en ti.

Salmo. Isaías 12, 2-3. 4. 5-6. Gritad jubilosos: “Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

2ª Lectura. Filipenses 4, 4-7. El Señor está cerca.

Evangelio. Lucas 3, 10-18. ¿Qué hemos de hacer?

El tercer domingo de Adviento la liturgia nos invita al gozo, a la espera confiada. En la oración colecta pedimos: “Concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. Cuando esperamos de verdad, ya vivimos lo que esperamos aunque no lo poseamos todavía. El anuncio, ya nos hace felices. Este es nuestro gozo.

Cuando esperamos a alguien muy querido estamos en vilo, y lo disponemos todo para que se encuentre muy bien acogido. San Agustín hablaba del gozo del deseo, descubriendo lo que llevamos en el corazón para Dios: “La fe es el deseo de la visión; la esperanza, el deseo de la posesión; la caridad es el deseo del amor lleno de felicidad”. Cuando llega el Señor se cumplen las promesas; el Bautista, amigo del Esposo, dirá que se alegra al escuchar su voz.

Sofonías en la primera lectura nos llama a la alegría: “Regocíjate…grita de júbilo…alégrate…gózate de todo corazón…” por todo lo que Dios hace con su pueblo: nos ha salvado y nos ha liberado (“ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos…”; es nuestro Señor y está entre nosotros; se complace en nosotros y nos ama. El verdadero gozo está en la certeza de que Dios es amor y viene como salvador. Aquí está la razón de la plenitud de vida del cristiano que nos impulsa a evangelizar.

Pablo en la segunda lectura nos invita a la alegría: “Hermanos, estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres”. El motivo es “el Señor está cerca”. Por la oración presentaremos al Señor nuestras preocupaciones e inquietudes y el fruto será la paz.

El domingo pasado el Bautista nos llamaba a la conversión. Hoy nos dice esta conversión hacia donde nos lleva, qué nos exige. A la pregunta: “entonces, ¿qué hacemos”, a la gente les dice que “compartan (túnicas, comida…)”. A unos publicanos (pecadores públicos reconocidos) que vienen a bautizarse que “no sean duros y exigentes”; a unos militares, “que no extorsionen, que no se aprovechen de los demás, que sean justos”.

Los frutos de la conversión, a la que estamos llamados todos, no se centran en actos piadosos sino en la relación fraterna con el prójimo, en la búsqueda de la justicia, en la honradez y en la renuncia a toda forma de violencia. Y a esto, estamos llamados todos.

En la segunda parte del evangelio Juan nos manifiesta lo que piensa del Mesías, para que no lo confundan con su persona: “Yo bautizo con agua…él con Espíritu Santo y fuego; él es más fuerte que yo, quien no merezco desatar ni la correa de la sandalia. El viene como juez, a separar la paja del grano, yo solo a preparar el camino”.
Cuando Juan Bautista contemple a Jesús en la cola de los pecadores para ser bautizado, comprenderá que su mesianismo no es de fuerza, sino de humildad y misericordia, y se presentará como anunciador de la Buena Noticia.

Hemos de recuperar la alegría de ser cristianos, el gozo de la fe. La vida cristiana no es una carga que reparte condenas y recorta libertades y posibilidades. La Iglesia tiene que evangelizar con alegría, porque el Señor está cerca de nosotros y tenemos que anunciar el amor salvador de Dios. La fe nos da sabiduría para llegar al corazón de personas y situaciones y no olvidar que la vida tiene sentido, porque hay Alguien comprometido con ella; la esperanza nos hace audaces, resistentes, perseverantes; la caridad nos llena de amor y hace posible la entrega. Y todo, lo tenemos que vivir con actitud humilde y servicial.

¡Alegraos, el Señor está cerca!

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO (9-12-2012) 
sábado, diciembre 8, 2012, 04:27 PM - Comentarios a las Lecturas
SEGUNTO DOMINGO DE ADVIENTO (9-12-2012)

1ª Lectura. Baruc 5, 1-9. Dios mostrará su esplendor sobre ti.

Salmo 125. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.

2ª Lectura. Filipenses 1, 4-11. Manteneos limpios e irreprochables para el día de Cristo.

Evangelio. Lucas 3, 1-6. Todos verán la salvación de Dios.

Hoy los profetas quieren levantar al pueblo de su sentimiento de fracaso, de cansancio, de tristeza…y anuncian que Dios va a venir, intervendrá y lo mejorará todo. El profeta Baruc invita a Jerusalén a revestirse con todo lo mejor que tiene, como una reina; Pablo en la carta a los Filipenses, a que tomemos conciencia de nuestra vocación cristiana, a que nos convirtamos creciendo en el amor.

El domingo pasado Jesús anunciaba la venida del Hijo del hombre y nos llamaba a vigilar y a esperar. Hoy el Bautista nos invita a convertirnos, a preparar el camino del Señor que viene.

El comienzo del evangelio de hoy tiene gran solemnidad, fechando y ubicando dónde se realiza el ministerio de Juan y el de Jesús: “El año quince del emperador Tiberio…vino la palabra a Juan en el desierto…y fue por toda la región…” Juan y Jesús realizan su ministerio en medio del mundo, en la historia concreta de Israel, porque la salvación que trae Jesús se realiza en personas y en situaciones concretas.

Juan es el profeta que prepara el ministerio de Jesús; va delante de él y les recuerda que ya está en medio de ellos; deja claro que él no es el Mesías (dice que no es digno de desatar la correa de su sandalia); el solo es la voz (San Agustín dirá que Cristo es la Palabra) y su misión es preparar el camino, anunciando la conversión (cambiad, enderezad, allanad…)y mostrar a Cristo (“ese es el cordero de Dios…”) porque fue testigo de lo que aconteció en el Jordán.

La misión del Señor la tenemos que realizar en las situaciones concretas que vivimos, sufrimos y esperamos. Dios viene a nosotros en nuestro hoy más concreto y real. Dios viene a salvar al ser humano que ha perdido la esperanza por todos los problemas que sufre. El compromiso del cristiano se realiza junto a las personas desorientadas, pobres, enfermas, fracasadas…por los motivos que sean. Dios viene a este mundo.

No hay salvación real sin convertirnos a Cristo, sin abandonar vicios, malos hábitos y malas acciones. Hay que acoger su palabra y vivir el Evangelio: desandar lo equivocado, cambiar, rectificar…y reorientar la vida hacia el Señor.

Los cristianos, como el Bautista, debemos ser precursores que indiquemos al Mesías, apóstoles que planteemos la fe a gente muy cercana a nosotros y que, por los motivos que sea, han dejado la práctica religiosa y viven alejados de Jesús y del evangelio.

El Bautista fue un hombre integro, austero, valiente, fiel al Señor. Como los buenos profetas, ni se predican a sí mismos ni son falsos maestros que distorsionen la doctrina: predican la verdad de Dios.

Hoy, como siempre, hacen falta testigos. Testigos auténticos y coherentes. Hemos fracasado centrando la vida en falsas esperanzas, escuchando palabras vacías e interesadas, recorriendo caminos que no conducen más que al propio fracaso. Jesucristo no es la solución para la otra vida, es el salvador de esta vida y de este mundo, y su Reino ya comienza aquí
.
A preparar los caminos del Señor. El vendrá a nosotros, pero…nos encontraremos nosotros con Él?.

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INMACULADA CONCEPCION DE LA VIRGEN MARIA (8-12-2012) 
jueves, diciembre 6, 2012, 10:57 AM - Comentarios a las Lecturas
INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN (8-12-2012)

Se celebra esta fiesta desde el año 1476 y con toda solemnidad desde la definición dogmática. El papa Pio IX, el 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus, definía este dogma: “…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer momento de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelado por Dios y debe ser, por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles…”

1ª Lectura. Génesis 3, 9-15.20. Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya. El pecado entra en el mundo cuando el hombre impone su yo y desobedece al proyecto de Dios. María acepta a Dios, su fe se hace obediencia, abraza su plan por encima del suyo personal y deja que Dios haga su obra. Su fidelidad ya es una victoria de la humanidad sobre el pecado, aunque siguen y seguirán las hostilidades entre la serpiente y el hombre; sigue la tentación intentado separarnos del camino del bien; María, con su fidelidad, nos da esperanza y alegría en la lucha y es un ejemplo radiante de vida cristiana.

Salmo 97. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Hoy la Iglesia lee en este salmo todo lo que Dios ha obrado en María, y a través de ella, en toda la humanidad.

Efesios 1, 3-6. 11-12. Dios nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo. María fue elegida y llena de gracia para cumplir la misión de ser madre de Dios, y se entregó del todo a realizar el plan de Dios en su vida. Nosotros también hemos sido elegidos y consagrados en nuestro bautismo y con nuestras obras debemos colaborar en la realización de un mundo más justo y fraterno.

Evangelio. Lucas 1, 26-38. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. La Anunciación es el gran momento de Dios y de María. De Dios, porque lo había previsto, esperado y preparado desde antes de la creación; de María, porque se encuentra con un Dios que le sale al paso, lleno de delicadeza (“no temas”…) pero con una misión muy grande que le va a exigir la entrega de su persona y de su vida. María se cerciora de que es cosa de Dios y le entrega, desde su libertad mas total todo lo que ella es:”Aquí está la esclava del Señor”.

Esta solemnidad de hoy nos dice que Dios no improvisa, que tiene sus planes y que cuidadosamente elige o sus colaboradores y dispone de todos los medios. Su proyecto es que no se pierda nadie de los que creó con tanto amor. Y prepara a María, llena de gracia, la que se consagró desde muy joven al Señor, la creyente (“feliz porque has creído”) para que sea la Madre del Señor: la puerta, por donde entre al mundo; la maestra que le enseñe a amar, a rezar, a soñar, a amar a su pueblo, a ser muy sensible con todos los que sufren; porque Jesús, con mucha humildad, durante treinta años, vivió en el hogar de María y José y asistió a la escuela del hogar de Nazaret donde creció en “edad, sabiduría y gracia”.

María Inmaculada es ejemplo de santidad, y de madre y discípula que sabe vivir con un corazón no dividido. Amó del todo y hasta el final, como Dios le pedía, sin buscarse a sí misma ni reclamar nada. Es modelo para los consagrados, porque “era de Dios” y solo se dedicó a Él y a su proyecto. Es modelo de castidad, para jóvenes y adultos, porque, aunque por gracia superó toda pasión desordenada, amó por encima de toda decepción, del mal, del sufrimiento, con un corazón limpio, viendo siempre en los demás a hermanos de su Hijo. Es la Virgen, porque su corazón y su vida, siempre y solamente perteneció a Dios.

En nosotros está muy viva la inclinación al mal. El mal que nos hacen nos puede emponzoñar el corazón. Experimentamos nuestras debilidades y pobrezas. Pero con la ayuda de la gracia y desde un amor muy grande al Señor, podemos resistirnos al mal y vivir como bautizados. El Bautismo nos incorporó a la Iglesia, nos libró del pecado original, sembró en nosotros la fe, nos dio la gracia santificante y nos unió a Cristo, a su vida a su muerte, a su resurrección; asumimos el evangelio como buena noticia y proyecto de vida.

En María Inmaculada contemplamos la belleza que Dios admira: “Toda hermosa eres María y en ti no hay mancha de pecado”. María es la plasmación del buen gusto de Dios, en ella se dan todas las virtudes con armonía y equilibrio: la unidad se consigue cuando el amor a Dios es el eje central de nuestra personalidad y de nuestra vida.

La Inmaculada es la fiesta del amor virginal, de la castidad fiel, de la entrega coherente, de la confianza absoluta. En María Inmaculada vemos también lo que Dios quiere, que le acojamos con alegría y nos entreguemos a él con amor y confianza.

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