Las adicciones son consecuencia de varios elementos combinados entre sí. El primero de esos elementos suele ser la repetición constante de una conducta que crea un hábito y lo hace permanente. También influyen otros elementos: genéticos, biológicos, de aprendizaje, dimensión social, medioambiental, emociones, vulnerabilidad, vacío interior, soledad y ansiedad. Repetir el consumo o la conducta que se convierte en hábito hace que se mantenga en el tiempo y sea muy difícil la recuperación.
Consideramos una forma de pobreza radical: las adicciones. La DSI y otras corrientes antropológicas la consideran una forma de esclavitud existencial que empobrece todas las dimensiones de la persona. Las adicciones afectan a la raíz de la libertad. El adicto no es libre, está en una cárcel de la que no puede salir; pierde el dominio de sí mismo y no sabe cómo encontrar la salida.
El adicto deja de ser, en su adicción, sujeto capaz de tomar decisiones en ese particular y, en otros muchos, que le condicionan, como el amor. Pasa a ser objeto de convulsión que orienta todo hacia el fin que él busca. Las adicciones degradan el cuerpo, la conciencia, la relaciones, la voluntad y hasta el sentido de la vida.
La verdadera pobreza es la esclavitud interior que impide amar y elegir en la verdad (uno cree que ha elegido, pero no es cierto). La adicción te lleva a una pérdida de sentido existencial, aunque te hace creer que no es así, debilita tu voluntad y tu responsabilidad.
Hay adicciones que deterioran la salud e incapacitan para un juicio sereno y te impiden ver el problema que estás teniendo. Estamos llamados a acoger, a acompañar y a sanar, y a seguir descubriendo materias y medios determinados para poder realizarlo.
He conocido a personas con distintas adicciones y que están desafectadas, pierden el dolor y la lucha para salir de ella, porque la desafección inhibe del sufrimiento.
Tres conceptos que me parecen interesantes para en el futuro reflexionar, que yo he ido trabajando estos años: el autoconocimiento, el autodominio y la autodecisión.
Autoconocimiento: saber quién soy, descubrir mis mecanismos inconscientes, cuestionar los sesgos de conocimiento que son distorsiones de la realidad. La ignorancia de uno mismo es causa de muchas miserias, adicciones, dependencias, resentimiento. Conocerse en primer lugar para poder saber dónde estoy y quién soy y, qué es lo que me pasa, tomar conciencia de ello.
Autodominio: Sin dominio de sí mismo no hay fidelidad posible ni a una vocación, ni
a una persona, ni a Dios… Es la capacidad de gobernar nuestras pasiones, deseos y
emociones, orientándolos hacia el bien.
La libertad verdadera se expresa con la capacidad de decir sí y con sentido. La verdad
nos hace libres y esa libertad se manifiesta en la fidelidad. Necesitamos adquirir
voluntad, para seguir la verdad. La inteligencia sin voluntad se queda en el intento.
Autodecisión: El ser humano está llamado a optar y tomar decisiones responsables.
Es un acto de afirmación de la dignidad, hay que entrar dentro de uno mismo y darse
cuenta de que después de conocerse y tener mayor fortaleza, uno necesita decirse a
sí mismo: “no voy a volver a caer”. Cambiar de ubicación y relaciones, adentrándose
en el conocimiento de nuevos amigos, ayuda mucho a liberar y reconciliar la
memoria.
Para reconstruirse la persona, saliendo de las adicciones, es necesario lograr tener
una capacidad de decisión-autodominio y purificar la memoria. La capacidad de
gobierno sobre sí mismo es el autodominio, creando hábitos nuevos que nos dejen
salir de los anteriores. Es ayudar a recuperar la libertad. Aprender a decir que no a
aquello que me daña y es tóxico para mi vida. Es un proceso realizado en fases
graduales, ayudado por un profesional o al menos por alguien que conozca el
recorrido.
Muchas adicciones nacen de una herida que queda en la memoria: carencias
afectivas, mensajes parentales. Haber creído que ese placer me hacía bien, sin caer
en la cuenta de la destrucción del mismo para mi persona.
Purificar la memoria es tener en cuenta el no buscar un alivio afectivo que es artificial.
Esta purificación sana el interior de la persona. Sin dominio de sí mismo no
desaparece el hábito. Sin purificar la memoria (recuerdos, lugares, personas, música,
etc.) se tiende a recaer. Por ello, recordamos: «no siempre estarás motivado, tienes
que aprender a ser disciplinado» y tener la capacidad de distinción entre lo que me
gusta y lo que me hace bien.
La pobreza moral se gesta cuando el hombre se vuelve pasivo, desafectado, miedoso,
incapaz de elegir y, por eso, es muy importante la autodecisión porque nos permite
actuar con coherencia y propósito en nuestra vida, tomando opcion personal
Las adicciones son consecuencia de varios elementos combinados entre sí. El primero de esos elementos suele ser la repetición constante de una conducta que crea un hábito y lo hace permanente. También influyen otros elementos: genéticos, biológicos, de aprendizaje, dimensión social, medioambiental, emociones, vulnerabilidad, vacío interior, soledad y ansiedad. Repetir el consumo o la conducta que se convierte en hábito hace que se mantenga en el tiempo y sea muy difícil la recuperación.
Consideramos una forma de pobreza radical: las adicciones. La DSI y otras corrientes antropológicas la consideran una forma de esclavitud existencial que empobrece todas las dimensiones de la persona. Las adicciones afectan a la raíz de la libertad. El adicto no es libre, está en una cárcel de la que no puede salir; pierde el dominio de sí mismo y no sabe cómo encontrar la salida.
El adicto deja de ser, en su adicción, sujeto capaz de tomar decisiones en ese particular y, en otros muchos, que le condicionan, como el amor. Pasa a ser objeto de convulsión que orienta todo hacia el fin que él busca. Las adicciones degradan el cuerpo, la conciencia, la relaciones, la voluntad y hasta el sentido de la vida.
La verdadera pobreza es la esclavitud interior que impide amar y elegir en la verdad (uno cree que ha elegido, pero no es cierto). La adicción te lleva a una pérdida de sentido existencial, aunque te hace creer que no es así, debilita tu voluntad y tu responsabilidad.
Hay adicciones que deterioran la salud e incapacitan para un juicio sereno y te impiden ver el problema que estás teniendo. Estamos llamados a acoger, a acompañar y a sanar, y a seguir descubriendo materias y medios determinados para poder realizarlo.
He conocido a personas con distintas adicciones y que están desafectadas, pierden el dolor y la lucha para salir de ella, porque la desafección inhibe del sufrimiento.
Tres conceptos que me parecen interesantes para en el futuro reflexionar, que yo he ido trabajando estos años: el autoconocimiento, el autodominio y la autodecisión.
Autoconocimiento: saber quién soy, descubrir mis mecanismos inconscientes, cuestionar los sesgos de conocimiento que son distorsiones de la realidad. La ignorancia de uno mismo es causa de muchas miserias, adicciones, dependencias, resentimiento. Conocerse en primer lugar para poder saber dónde estoy y quién soy y, qué es lo que me pasa, tomar conciencia de ello.
Autodominio: Sin dominio de sí mismo no hay fidelidad posible ni a una vocación, ni
a una persona, ni a Dios… Es la capacidad de gobernar nuestras pasiones, deseos y
emociones, orientándolos hacia el bien.
La libertad verdadera se expresa con la capacidad de decir sí y con sentido. La verdad
nos hace libres y esa libertad se manifiesta en la fidelidad. Necesitamos adquirir
voluntad, para seguir la verdad. La inteligencia sin voluntad se queda en el intento.
Autodecisión: El ser humano está llamado a optar y tomar decisiones responsables.
Es un acto de afirmación de la dignidad, hay que entrar dentro de uno mismo y darse
cuenta de que después de conocerse y tener mayor fortaleza, uno necesita decirse a
sí mismo: “no voy a volver a caer”. Cambiar de ubicación y relaciones, adentrándose
en el conocimiento de nuevos amigos, ayuda mucho a liberar y reconciliar la
memoria.
Para reconstruirse la persona, saliendo de las adicciones, es necesario lograr tener
una capacidad de decisión-autodominio y purificar la memoria. La capacidad de
gobierno sobre sí mismo es el autodominio, creando hábitos nuevos que nos dejen
salir de los anteriores. Es ayudar a recuperar la libertad. Aprender a decir que no a
aquello que me daña y es tóxico para mi vida. Es un proceso realizado en fases
graduales, ayudado por un profesional o al menos por alguien que conozca el
recorrido.
Muchas adicciones nacen de una herida que queda en la memoria: carencias
afectivas, mensajes parentales. Haber creído que ese placer me hacía bien, sin caer
en la cuenta de la destrucción del mismo para mi persona.
Purificar la memoria es tener en cuenta el no buscar un alivio afectivo que es artificial.
Esta purificación sana el interior de la persona. Sin dominio de sí mismo no
desaparece el hábito. Sin purificar la memoria (recuerdos, lugares, personas, música,
etc.) se tiende a recaer. Por ello, recordamos: «no siempre estarás motivado, tienes
que aprender a ser disciplinado» y tener la capacidad de distinción entre lo que me
gusta y lo que me hace bien.
La pobreza moral se gesta cuando el hombre se vuelve pasivo, desafectado, miedoso,
incapaz de elegir y, por eso, es muy importante la autodecisión porque nos permite
actuar con coherencia y propósito en nuestra vida, tomando opcion personal

